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DEL MESTIZAJE AL PODER: una aproximación al caso andino

Robin Ibar Riquelme Moreno
Grupo de Estudio: Interculturalidad
Puno, julio del 2007

Una sociedad multicultural, como la nuestra rebasa ya los supuestos de que tenga que existir una relación a lo mucho de tolerancia entre las diversas culturas que las pueblan; la idea no pasa sólo por respetar al otro, mientras no se metan con uno, creo que un país como el Perú donde la imagen de Estado parte de un mal formado régimen modernista creado y maquinado por los criollos independentistas, instauró una flagelación que hasta nuestros días perdura, a saber el de la “exclusión” manifestado principalmente a aquellos pueblos originarios que nunca formaron parte de ese proyecto modernista.

La posición de los historiadores hispanos como muestra del poder que la clase criolla habría de manejar a partir de los inicios de la república hasta casi nuestros días es clara. Es así como la historia “oficial” degenera y corrompe ciertas pautas de lo que alguna vez se había proclamado: “el Perú es desde este momento libre e independiente por la voluntad general de los pueblos…” frase constantemente repetida a lo largo de los años de escuela y colegio. Diría que desde ese momento se le miente a una parte –la mayoría- de los peruanos de la manera más cruda y cínica; estamos pues frente a lo que yo llamo: “la supuesta nación independiente peruana”; lo demás es historia conocida, una larga tradición de un proyecto que sólo albergaría los intereses de una parte de los habitantes -esa minoría criolla que le dio origen a la hoy mentira-.

“Para Riva Agüero el sentimiento nacional –hispánico y católico- que se construye en los dos primeros siglos del virreinato y alcanza su madurez en el siglo XVIII se consolida en la gesta emancipadora a inicios del siglo XIX, liderada por una elite criolla consiente ya de su rol hegemónico.” (1)

Estamos pues frente a todo un proceso cargado de abusos, de racismo y de una marcada exclusión, de los pueblos originarios y grupos minoritarios. Durante este periodo (1822-1930) la situación es trágica, los intereses de quienes detentan (2) el poder están siempre por encima del país, no hace falta ya recordar lo mal que se gobernó, lo mal que se actuó militarmente, y claro lo bien que se operó para seguirle mintiendo a la supuesta nación.

Es así que durante este periodo se afianzaron ciertos grupos de poder y se consolidan las distintas formas de obtención y manejo de poder, en sus diversas formas: político, económico, cultural y social; diría que las raíces de los males del país se robustecen para perdurar en la conducción del estado.

Si en Lima eran los criollos posicionados los que detentaban el poder, en provincia los igualaban en dichos atributos los grandes gamonales. Esta forma de detentar el poder fue una de las más crueles y sanguinarias; no hubo palabra que valiera más que la del dueño de tierra quien también era el detentor de la administración de justicia y de la autoridad que representa al Estado, es decir el cargo público.

Pero aquí entra a tallar un aspecto que quizás, haya tenido mucha más presencia en este medio: me refiero al mestizaje. En efecto, la sierra fue la alcoba para perpetrar las innumerables violaciones a las mujeres originarias; de esto nace principalmente un mestizaje racial y el resultado fue la marginación de estos mestizos tanto por parte de los gamonales (3) como de los pueblos originarios. Entonces, estamos frente a un proceso de mestizaje que para el caso de la sierra pasó por diversas formas de presencia en la sociedad (4).

De este tipo de mestizos pocos eran los reconocidos por los padres españoles –aquellos hijos de hidalgos por ejemplo- muchos de ellos eran declarados bastardos y destinados a vivir en manos de la línea materna. No creo equivocarme pero descartaría la presencia del primer caso de mestizos en el medio rural; pero, de esta segunda clase de mestizos se habría generado, debido a su rechazo y marginación, el “misti”; es decir, el mestizo de rasgos hispánicos que en algún momento optó por su ascendencia paterna y asumió un estatus socioeconómico y político diferente a la del gamonal.

De todo este proceso histórico parte la idea del mestizaje que para algunos es una forma de integración y de abandono de los patrones culturales originarios para amoldarse a los patrones culturales dominantes en este caso los que corresponden a un criollismo, que esta fuertemente marcado por un racismo abierto, manifestado en una clase dominante y en una clase dominada. Esta idea “progresista” de mestizaje implantada se creó para dar paso a una forma de cultura aparentemente homogénea y que hasta ahora, es como lo entiende el Estado, implantando políticas que dan cabida solamente a una parte de esa población, la dominante. Desde esta realidad pedir que el sistema reconozca en un país como el nuestro la posibilidad de que exista al menos una forma de comunicación entre estas diversas culturas es, a veces, hasta cierto punto, inviable.

Los resultados de estas ideologías de mestizaje efectivamente llevaron a que muchos de los originarios llegarán al poder tanto económico, político y social. Sin embargo, esto no representó el verdadero cambio que todos esperábamos de esa clase que aún en la actualidad es marginada y excluida por el Estado. Sino, que por el contrario el poder fue ejercido de manera corrupta, con claras tendencias de autoritarismo y racismo.

Un ejemplo patético es el caso del Presidente Alejandro Toledo, donde de una manera cruda puede apreciarse en qué magnitud caló el mestizaje. En sus rasgos físicos se aprecia la representatividad de los originarios pero en su forma de pensar lo occidental impera: se trata de un Pachacutec gringo. Otro ejemplo de esta caracterización es la del ex-alcalde de Ilave: un aymara de pensamiento marxista que en un momento dado ejerció el poder con formas de un típico autoritarismo “misti”. De ambos casos ya conocemos los resultados. (5)

Por otro lado encontramos una marcada identificación de las clases medias emergentes que pugnan por amoldarse hacia una clase posicionada; el cono norte de Lima puede ser un claro ejemplo de ello. También existe una clara tendencia en la población peruana principalmente de los vinculados a la modernidad, de mirar al otro como diferente; en las palabras de Portocarrero “…Cuando vemos a otro no vemos a un ciudadano igual a nosotros, sino buscamos la diferencia para saber si esa persona es superior o inferior a mí. Cuál es su color de piel, cuál es su tradición familiar. Es decir, nos situamos frente al otro en una condición de superioridad o inferioridad, y eso genera envidia o desprecio.” (6)

Esta diferencia se vio claramente marcada en las recientes elecciones presidenciales, el gran sur una vez más hizo sentir su exclusión. El estado no puede dejar pasar por alto esta señal ya que hoy en todo Latino América se vienen dando claros cambios en el manejo político, las fuerzas de los grupos étnicos originarios reclaman una presencia en el manejo del poder y muchos de ellos ya lo han conseguido como el caso de Bolivia. Esto a impulsado a que muchas poblaciones originarias recurran a reclamar su ejercicio en el poder pero sin claras perspectivas de adonde se quiera llegar por ejemplo, algunos de los gobiernos municipales de las provincias del sur de Puno han entablado una coalición aymara con claras tendencias de extremismo étnico.

Hoy las poblaciones más excluidas –aymaras, quechuas y amazónicos- pasan no sólo por recuperarse de un imaginario colonizado, un conflicto de identidad y una exclusión eminente por parte del estado, sino que a traviesan una fuerte carencia de organizaciones de base, que los impulse desde sus propias raíces ha afirmarse como una fuerza de poder. Parece ser que una de las únicas formas de entablar el dialogo intercultural es a partir de una igualdad de condiciones, y para llegar a ello es eminente la consolidación de una fuerza de poder desde las bases de estos pueblos originarios que obligue desde una lucha no violentista, la incorporación de sus derechos y la igualdad en el manejo de poder. Un derecho al que nunca se renunciara.

(1) Betalleluz Meneses, Betford. “Historias ideológizadas, senderos luminosos: relaciones peligrosas entre las visiones del pasado y las rebeliones utópicas”. En: Pie de Página, N° 02 – 2004; Pág. 58-63.

(2) Cave señalar la larga tradición de golpes de estado dados por los militares y de las maniobras oscuras para llegar al gobierno, que nos muestran la forma ilegítima de llegar al poder.

(3) Es de destacar que el mismo gamonal (criollo) ya es un mestizo, no olvidemos la ocupación árabe por más de medio milenio y también habría que ver el mestizaje cultural en los pueblos originarios.

(4) Una buena referencia para el caso del mestizaje en el proceso andino, puede verse en: Cadena, Marisol de la. Indígenas Mestizos: Raza y Cultura en el Cusco.– Lima, Perú: Instituto de Estudios Peruanos (IEP), 2004. 385p.

(5) Podemos recurrir también al caso Ollanta Humala como fuerte presencia de esta pretensión de representatividad de los pueblos originarios; que no hace otra cosa que apoderarse del descontento de las grandes mayorías marginadas y excluidas, para intentar llegar al poder.

(6) Entrevista “¿Pueden convivir el racismo y mestizaje? Alrededor de esta pregunta gira la nueva colección de ensayos del sociólogo Gonzalo Portocarrero (Racismo y mestizaje y otros ensayos, Fondo Editorial del Congreso, 505 pp.), que pone en relieve uno de los problemas más relevantes de la sociedad peruana. Conversamos con el autor. En: El Comercio; Suplemento El Dominical, 01-07-07.

4 comentarios

  1. De: Katherine
    Fecha: Abr 09, 2008

    Octubre 25, 2007

    El ensayo muestra un tema bastante interesante: mestizaje y poder en el Perú. En él se combina con claridad diferentes temas e interpretaciones de cómo, en el Perú, el poder ha estado relacionado a un tipo de raza, de cultura, de sociedad, las cuales no han sabido ni compartir el poder ni encaminarlo hacia la democracia del siglo XX.

    La pluriculturalidad del país, según el ensayo, aparece como un problema histórico, al que difícilmente los pueblos originarios, indígenas quechuas, aymaras o amazónicos han podido tener acceso. Como se dice, la idea de una nación criolla o mestiza generó la adaptación o la asimilación a una sola cultura. Se uniformiza la cultura del país en una sola, porque nuestros gobiernos no han sido capaces de convivir con muchas… Según el ensayo, estas formas de ejercer el poder continúan hasta hoy, no sólo en el gobierno central, sino también en los gobiernos regionales y locales. Su ensayo es sumamente bueno e interesante. El objetivo de este comentario es abrir un diálogo con Usted, el autor, para contribuir al diálogo sobre estos temas en el Perú.

    Bajo un análisis más profundo del ensayo uno podría percibir una clara oposición: blanco = liberalismo / gamonal = mestizo = autoritario. Ambos en términos negativos para comprender el poder en el Perú. Nos preguntamos si no hay matices en ello, si por ejemplo la historiografía del siglo XX no señala otros caminos de mestizaje… que brinden mayores posibilidades democráticas a los futuros gobiernos, o si la liberación del mercado, la famosa aldea global no generó, entre otras cosas, que los indígenas de todo el mundo se empoderen de derechos ciudadanos.

    Le recomendamos revisar el texto de Burga y Flores Galindo: la verticalidad, el flagelación y otros métodos de autoritarismo fueron instaurados en provincias no por aquellos criollos que sentían que Lima o la costa eran el Perú, sino por aquellos que hacían de las tierras, los gamonales de provincias su poder máximo. Muchos de estos gamonales, comentan los autores, reivindicaban el indigenismo para independizarse del poder central pero no para RECONOCER al otro, al indio. Podría estar en aquella palabra una clave para entender, desde una visión más ética, un problema antiguo en nuestra política.

    Recomendaríamos ver esto también desde una perspectiva más historiográfica: revisar el último libro de Cecilia Yepez, recién publicado por la universidad de California, en el cual analiza cuando empieza a existir el concepto de indígena, de lejano, de pobre, de obstáculo para el desarrollo. Las diferencias entre el siglo XVIII y XIX sobre las miradas de lo indio son sumamente diferentes. Podría ser interesante para su reflexión.

    Siguiendo con ese esquema más semiótico de su discurso, podría pensarse que indígenas sería lo positivo como tipo de poder. En este aspecto podríamos decir, que más allá de las culturas del país, la interculturalidad exige un diálogo entre ambas (todas). Se dice, por ejemplo que surgen grupos indígenas extremistas, pero no se tiene una posición frente a la manera que estos quieren ejercer el poder… Queda claro que ellos son consecuencia de la historia, pero no por ello son permisibles para la salud democrática.

    Pensar en la interculturalidad es, como se dice, igualdad de condiciones, pero también hay una condición sumamente importante: el ser mirado como dignamente diferente. Hay que exigir un rotundo no a la exclusión política también pensando en el otro que es mi país y que no soy capaz de asumir en mis políticas, sea por resentimiento, por olvido, por ignorancia…

  2. De: MARIO ENRIQUE
    Fecha: Jun 17, 2008

    El tema del mestizaje como propiedad exclusivo de zonas sin poder, va quedando relegado, comenzando con que mestizo es una condiciòn humana general ya que no hay ser humano que no lo sea. STRICTU SENSO

  3. De: MARIO ENRIQUE
    Fecha: Ago 10, 2008

    Asumiendo la anterior cabría repensar nuestras reflexiones y las de los otros y otras de cara a tal humana condición, de la que nadie se escapa entonces, ni partos ni tracios, ni aymaras ni chiquitanos, tampoco teutones ni galos.

  4. De: Aileen
    Fecha: Sep 16, 2011

    Wham bam thank you, ma’am, my questions are aneswred!

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