{"id":260,"date":"2012-01-26T18:34:06","date_gmt":"2012-01-26T18:34:06","guid":{"rendered":"http:\/\/casadelcorregidor.pe\/blog\/?p=260"},"modified":"2012-01-27T13:07:28","modified_gmt":"2012-01-27T13:07:28","slug":"balseros-del-titicaca","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/casadelcorregidor.pe\/blog\/2012\/01\/26\/balseros-del-titicaca\/","title":{"rendered":"BALSEROS DEL\u00a0TITICACA"},"content":{"rendered":"<p align=\"right\" style=\"font: Verdana; font-size: 11px;\">Cuento publicado en 1934 y tomado de:<br \/>\nRomero P., Emilio. <em>Balseros del Titicaca<\/em>. Lima, Per\u00fa: Segunda edici\u00f3n, CONCYTEC, 1989. 109:13-19 pp.<\/p>\n<p><!--more--><\/p>\n<p style=\"font: Verdana; font-size: 12px; text-indent: 10px;\">&nbsp;<\/p>\n<p style=\"font: Verdana; font-size: 12px; text-indent: 10px;\">Los cerros que bordean la bah\u00eda de Puno, en el Titicaca, cortan bruscamente la tarde. Ocultan el sol sin crep\u00fasculo, pero por los flancos de las monta\u00f1as, se proyectan los dorados rayos del sol de los gentiles sobre las pen\u00ednsulas de Capachica y de Chucuito.<\/p>\n<p style=\"font: Verdana; font-size: 12px; text-indent: 10px;\">\nPrecisamente a la ca\u00edda del sol deja de soplar aquel viento constante que los aymaras llaman el <strong>Khota &#8211; thaya<\/strong> o viento del lago. Hay una ligera calma antes que las chihuanqueras alcen el vuelo hacia el Oeste anunciando el viento de ese lado, el<strong> suni &#8211; thaya<\/strong>.<\/p>\n<p style=\"font: Verdana; font-size: 12px; text-indent: 10px;\">Bautista, el pescador, tiene sus aparejos listos. Su balsa se balancea al pie de las rocas donde tiene su caba\u00f1a. Apreta el nudo de su incu\u00f1a de fiambre y envuelve la chuspa de coca descendiendo r\u00e1pidamente de la pender\u00eda.<\/p>\n<p style=\"font: Verdana; font-size: 12px; text-indent: 10px;\">Su balsa es fr\u00e1gil, apenas del ancho de sus caderas. Movible como una lagartija, con dos puntas filudas de totora amarilla. Levanta la vela corta y romboidal que se hincha con la brisa del sur, que empuja su balsa hacia el totoral.<\/p>\n<p style=\"font: Verdana; font-size: 12px; text-indent: 10px;\">Centenares de chugllas humean en los cerros. La bosta arde pesadamente y despide humo espeso. All\u00e1 lejos, el puerto de Puno parece achatado, sumergido en las orillas del lago. Ilusi\u00f3n \u00f3ptica, curvatura de este mar dulce. Parece una ciudad encantada de plata y sangre. Tejas y calaminas se reflejan en largas ondas movibles en el lago. El vapor Ollanta calienta sus calderas, enciende luces rojas y verdes. La balsa hace pliegues en el agua, como sobre una tela de seda, camino del totoral.<\/p>\n<p style=\"font: Verdana; font-size: 12px; text-indent: 10px;\">De pronto, un rumor de trueno repercute en todos los cerros. Redoble de tambores, maquinaria sorda y terrible. Aparece al extremo del golfo el tren de Arequipa. Jadeante, incendiario, arrojando chispas avanza a la ciudad. Su ojo de gigante deslumhra con el sol. El viento trae sonidos de campanas; los cien ojos rojizos del barco no pesta\u00f1ean siquiera. Esperan a los pasajeros para Bolivia.<\/p>\n<p style=\"font: Verdana; font-size: 12px; text-indent: 10px;\">Soberbio espect\u00e1culo. Bautista se siente un Dios lacustre sobre su veloz balsa. Una muralla negra son los cerros; el lago todav\u00eda est\u00e1 tranquilo. Las luces del muelle se alargan. Chorrean como oro fundido en el agua. Aquella soberbia visi\u00f3n panor\u00e1mica es un regalo a sus ojos, mientras la balsa llega al totoral. Ya est\u00e1 llegando. Sus ojos ven mejor en la noche. Las totoras forman una barrera inmensa, pero Bautista ya conoce la entrada. Mueve los remos traseros como timones y endereza la balsa hacia el bosque espeso e inmenso de los totorales, donde hay lagunas llenas de peces.<\/p>\n<p style=\"font: Verdana; font-size: 12px; text-indent: 10px;\">Aqu\u00ed el lago cubierto de totorales se aprisiona en canales de agua cristalina. La brisa no llega a estos callejones inmensos que siguen por misteriosas curvas que s\u00f3lo la experiencia aimara puede descubrir en la noche.<\/p>\n<p style=\"font: Verdana; font-size: 12px; text-indent: 10px;\">Se cruzan algunas balsas rezagadas que van a Puno desde las islas de Takili o Amantan\u00ed.<\/p>\n<p style=\"font: Verdana; font-size: 12px; text-indent: 10px;\">\u2014\u00a1\u00a1U\u00fah!!<\/p>\n<p style=\"font: Verdana; font-size: 12px; text-indent: 10px;\">Apenas un grito a boca entreabierta, es el saludo entre balseros. Un aullido con U francesa. Las balsas pasan con la gallard\u00eda de un lujoso paquebote trasatl\u00e1ntico.<\/p>\n<p style=\"font: Verdana; font-size: 12px; text-indent: 10px;\">Por fin ha llegado. Una claridad plateada se abre ante sus ojos. Ah\u00ed est\u00e1 la laguna plet\u00f3rica de peces sabrosos. Hay que cogerlos con red porque est\u00e1n voltejeando a millares en el fondo escaso de la laguna. Pero antes hay que cegarlos. Y Bautista amontona totoras secas sobre su balsa, enciende un f\u00f3sforo y hace una hoguera. Los peces quedan ciegos ante la deslumbrante llamarada. Bautista sumerge la red y recoge centenares de peces. Trabaja hasta la media noche. En su balsa ya no cabe m\u00e1s. Toma un pu\u00f1ado de coca y con el remo empuja su balsa entre un macizo totoral donde sube como a un dique y duerme hasta el amanecer.<\/p>\n<p style=\"font: Verdana; font-size: 12px; text-indent: 10px;\">No hay amanecer m\u00e1s bello en paraje alguno de la tierra. Se insin\u00faan en la lejan\u00eda las nieves de la cordillera. En las riberas, el golfo verdecido y cubierto de eucaliptos, mentas silvestres y matorrales. Miles de caba\u00f1as humeantes y rodeadas de fragantes flores del Inca. All\u00e1, la ciudad de plata y sangre todav\u00eda duerme. El muelle est\u00e1 desierto; se ha ido a Bolivia el vapor. Todav\u00eda se ven brillar algunas estrellas a pesar de la luz del d\u00eda. Las nubes con todos los colores del iris, aurora boreal, oro, sangre, esmeraldas fundidas. Millares de p\u00e1jaros entonan sus c\u00e1nticos ma\u00f1aneros. Bandadas de flamencos vuelan en escuadrillas tendidas hacia la aurora, rosada como sus alas. Patos, parihuanas, huallatas blancas como la nieve y dominicos de capuch\u00f3n negro y alas blancas graznan con alegr\u00eda.<\/p>\n<p style=\"font: Verdana; font-size: 12px; text-indent: 10px;\">Bautista se despereza y hace crujir su balsa alz\u00e1ndose para observar sobre la barrera de totorales. Las islas y las pen\u00ednsulas est\u00e1n te\u00f1idas de p\u00farpura. Las casas de calamina de Puno, lejanas y borrosas, brillan como espejos de plata bru\u00f1ida. El lago es un cristal, una masa de azogue inm\u00f3vil, una plancha gigantesca de acero. No hay ni una leve brisa.<\/p>\n<p style=\"font: Verdana; font-size: 12px; text-indent: 10px;\">Este bello amanecer es sin embargo para desesperar al pescador. \u00bfA qu\u00e9 hora vendr\u00e1 el viento? La pesca abundante empieza a transpirar sobre la balsa, porque el sol quema ese estanque cercado de totorales de verde oscuro. Bautista cambia de coca arrojando el pigcho que ha rumiado en toda la noche. Se le escapa una interjecci\u00f3n de rabia al ver esa inmensa naturaleza viva y de fiesta en descanso dominical y con la brisa de vacaciones.<\/p>\n<p style=\"font: Verdana; font-size: 12px; text-indent: 10px;\">Arde el sol. Se levanta<strong> <\/strong>una vaga niebla c\u00e1lida del estanque; el aire est\u00e1 espeso y caldeado. Mientras m\u00e1s asciende el sol, la prisi\u00f3n lacustre es m\u00e1s insoportable. Bautista toma su merienda de papas fr\u00edas, chu\u00f1os congelados y bogas ahumadas. Renueva otra vez la coca. Se inclina sobre el lago para beber agua en el hueco de sus manos. Hace un gesto de asco, el agua est\u00e1 amarga, pues hay pantanos en el fondo.<\/p>\n<p style=\"font: Verdana; font-size: 12px; text-indent: 10px;\">La brisa no llega en todo el d\u00eda. El lago es un inmenso espejo para incendiar los cielos, para quemarlos como papel. Est\u00e1 en fiesta el sol achicharrante y terrible.<\/p>\n<p style=\"font: Verdana; font-size: 12px; text-indent: 10px;\">\u2014\u00a1Karaspa! \u00a1Ahora va a granizar&#8230;! \u2014exclama Bautista<strong>.<\/strong> A sol espl\u00e9ndido, tempestad segura.<\/p>\n<p style=\"font: Verdana; font-size: 12px; text-indent: 10px;\">Y en la tarde de aquel d\u00eda graniz\u00f3. Y luego un fuerte viento agit\u00f3 el mar dulce. Nublado el cielo y plomo oscuro, ceniciento y terrible el Titicaca, agitaba sus olas como un mar. La balsa parec\u00eda formar un solo cuerpo<strong> <\/strong>con la fr\u00e1gil embarcaci\u00f3n. Las olas del Titicaca no tienen el ciclo amplio y profundo de la ola del mar; pero su embate es m\u00e1s r\u00e1pido, m\u00e1s corto, de curva leve y espumosa. Las olas peque\u00f1as atacan con furia y rapidez.<\/p>\n<p style=\"font: Verdana; font-size: 12px; text-indent: 10px;\">Bogueros del Titicaca, en todas las bah\u00edas y en el Gran Lago, luchaban aquella noche con la tempestad. Un viento helado cortaba la piel como vidrio de botella. Negrura absoluta por todas partes, los bogueros ven a trav\u00e9s de la noche como buhos. Ni una queja, ni una interjecci\u00f3n, ni una palabra de misericordia. Baustista empu\u00f1aba con mano dura los dos remos que arrastraba como timones luchando por mantener derecha la balsa. Imposible arriar la vela. No hab\u00eda manos para desenvolver la soga; y aunque hubieran habido, era el viento tan fuerte que habr\u00eda pegado el velamen de totora contra la<strong> achihua <\/strong>clavada como un comp\u00e1s abierto sobre los flancos de la balsa.<\/p>\n<p style=\"font: Verdana; font-size: 12px; text-indent: 10px;\">El viento arrastraba como una hoja seca la balsa de Bautista. Las olas la levantaban por detr\u00e1s y la hac\u00edan sentar bruscamente al retirarse, inund\u00e1ndola. Pero no hab\u00eda ola capaz de despegarlo de su balsa. Su propio cuerpo era como un caracol, que dirig\u00eda la balsa pegado a su concha.<\/p>\n<p style=\"font: Verdana; font-size: 12px; text-indent: 10px;\">De pronto una masa negra se interpuso. Cerr\u00f3 los ojos. Ni una luz roja hab\u00eda en el muelle. Los carros de plataforma y las bodegas abandonadas, resist\u00edan al embate del viento que silbaba en los hilos del tel\u00e9grafo. La balsa par\u00f3 en seco y reventaron algunas sogas de paja de las puntas.<\/p>\n<p style=\"font: Verdana; font-size: 12px; text-indent: 10px;\">Otras balsas m\u00e1s grandes iban atracando a media noche. Hasta la hora del amanecer centenares de balsas cubr\u00edan las aguas del muelle.<\/p>\n<p style=\"font: Verdana; font-size: 12px; text-indent: 10px;\">Ah\u00ed estaba a pocos pasos, durmiendo todav\u00eda, la ciudad con sus calles estrechas para ser m\u00e1s afectuosas. Las torres de la catedral velaban su sue\u00f1o. Las torres de San Juan parec\u00edan minaretes. La techumbre de zinc de San Juan de Dios parec\u00eda un zepell\u00edn de plata. El camposanto cerca; el mercado, la estaci\u00f3n. Todo cerca, unido, cari\u00f1oso, lleno de ternura.<\/p>\n<p style=\"font: Verdana; font-size: 12px; text-indent: 10px;\">Pero los ojos de Baustista que no hab\u00edan temblado al sol achicharrante del d\u00eda ni a la tempestad horrible de la noche, miraban con temor la ciudad.<\/p>\n<p style=\"font: Verdana; font-size: 12px; text-indent: 10px;\">Del barrio del Manazo comenzaron a bajar al muelle las cholas <strong>ckateras<\/strong>, alcanzadoras de provisiones. Bajaban soldados y mercachifles. Todos los balseros se pusieron de pie como aprest\u00e1ndose a una batalla. A los pocos minutos, mercachifles, soldados y ckateras hac\u00edan saqueo de las provisiones.<\/p>\n<p style=\"font: Verdana; font-size: 12px; text-indent: 10px;\">\u2014\u00a1Indio animal, esto es para el Comandante!\u2014<strong> <\/strong>le dec\u00eda un soldado a uno, quit\u00e1ndole la canasta de huevos.<\/p>\n<p style=\"font: Verdana; font-size: 12px; text-indent: 10px;\">\u2014\u00a1Ladronazo! \u00a1Cont\u00e9ntate con cuatro reales por esta talega de quesos o te mando preso! \u2014chillaba una ckatera.<\/p>\n<p style=\"font: Verdana; font-size: 12px; text-indent: 10px;\">Otra m\u00e1s pr\u00e1ctica, le quit\u00f3 el sombrero y el poncho a uno de ellos para obligarlo a seguirla cargando la pesca hasta el puesto del mercado. Cuando lleg\u00f3, le alcanz\u00f3 un pan y una peseta.<\/p>\n<p style=\"font: Verdana; font-size: 12px; text-indent: 10px;\">\u2014Toma tatay y di que es tu Santo&#8230;<\/p>\n<p style=\"font: Verdana; font-size: 12px; text-indent: 10px;\">Soldados, mercachifles y mayordomos de casas ricas hicieron tabla rasa con cuanta provisi\u00f3n hab\u00eda en el muelle.<\/p>\n<p style=\"font: Verdana; font-size: 12px; text-indent: 10px;\">Los indios invadieron despu\u00e9s la ciudad con algunas pesetas en las manos para comprar a\u00f1il, chancaca, agujas, tocuyo. A algunos les alcanz\u00f3 para un trago de aguardiente.<\/p>\n<p style=\"font: Verdana; font-size: 12px; text-indent: 10px;\">Los polic\u00edas les ped\u00edan libretas de Conscripci\u00f3n Vial, de Registro Electoral, de Servicio Militar, Carnet de Ocupaci\u00f3n, Certificado de Vacuna y de asistencia escolar.<\/p>\n<p style=\"font: Verdana; font-size: 12px; text-indent: 10px;\">Los bogueros los miraban boquiabiertos. Los polic\u00edas, cuando se hab\u00edan cansado de llevar gente al cuartel, les daban de varazos y los dejaban libres.<\/p>\n<p style=\"font: Verdana; font-size: 12px; text-indent: 10px;\">Discurr\u00edan por la ciudad como idiotas, ahogados al peso del poncho. Pero en la tarde, al retornar a sus islas y a las pen\u00ednsulas azules, ya solos en el muelle, se re\u00edan con risa sard\u00f3nica y fuerte:<\/p>\n<p style=\"font: Verdana; font-size: 12px; text-indent: 10px;\">\u2014Al turco de la plaza le saqu\u00e9 esta vara.<\/p>\n<p style=\"font: Verdana; font-size: 12px; text-indent: 10px;\">\u2014Al gringo bachiche le tir\u00e9 esta cuchilla&#8230;<\/p>\n<p style=\"font: Verdana; font-size: 12px; text-indent: 10px;\">\u2014\u00a1Mistis desgraciados, cochinos!&#8230;<\/p>\n<p style=\"font: Verdana; font-size: 12px; text-indent: 10px;\">Y despu\u00e9s de haber guardado bien sus compras, el peri\u00f3dico del d\u00eda para que lean los chicos, el cuaderno de escritura, los l\u00e1pices y la tinta para que escriban sus hijos en las escuelas de los evangelistas, levantaban sus velas y se alejaban con una canci\u00f3n de vida y de esperanza en los labios.<\/p>\n<hr align=\"left\" width=\"250\" \/>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cuento publicado en 1934 y tomado de: Romero P., Emilio. Balseros del Titicaca. Lima, Per\u00fa: Segunda edici\u00f3n, CONCYTEC, 1989. 109:13-19 pp.<\/p>\n","protected":false},"author":22,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[23,28],"tags":[],"class_list":["post-260","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-creacion-literaria","category-emilio-romero"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/casadelcorregidor.pe\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/260","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/casadelcorregidor.pe\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/casadelcorregidor.pe\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/casadelcorregidor.pe\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/users\/22"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/casadelcorregidor.pe\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=260"}],"version-history":[{"count":7,"href":"https:\/\/casadelcorregidor.pe\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/260\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":263,"href":"https:\/\/casadelcorregidor.pe\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/260\/revisions\/263"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/casadelcorregidor.pe\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=260"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/casadelcorregidor.pe\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=260"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/casadelcorregidor.pe\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=260"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}