Justino Llanque
Justino Llanque Chana
(Ácora, Perú)
Biblioteca de la Casa del Corregidor. Puno, Perú
Código de registro: 0223432
Ficha:
LLANQUE CHANA, Justino
Diversidad en Los Andes.
http://casadelcorregidor.pe/colaboraciones/_biblio_Llanque-Ch.php

Diversidad en Los Andes

Diciembre, 2015

 
 


Es más de una década que Domingo Llanque Chana nos dejó. Su partida dejó también una gran responsabilidad para los aymaras, puneños y andinos: seguir su ejemplo y preocupación por su cultura.

Justino, su hermano menor, asumió el reto y desde su quehacer, entrega esta su ponenecia y lo hace con el amor por su terruño pero también en homenaje a Domingo, al cual esta página se aúna con mucha satisfacción y orgullo.

¡ Gracias Justino !
¡ Gracias Domingo !


“La vida es pluralidad. La muerte es uniformidad. Al reprimir diferencias y peculiaridades, al eliminar diferentes culturas y civilizaciones, el progreso debilita la vida y fortalece la muerte, nos empobrece y mutila. Cada vision del mundo que se extingue, cada cultura que desaparece, disminuye la posibilidad de vida….”

“Lo que pone en marcha al universo son los juegos dinámicos de diferencias, sus atracciones y repulsiones….”
Octavio Paz

(Guibert 1974)



EL AUTOR

Justino Llanque Chana nació en la villa de Suqa-Acora en el Perú.  Realizó estudios en la Universidad Nacional del Cusco y Normal San Juan Bosco de Salcedo, ambos en Perú.  Hizo estudios graduados en los EE.UU. en Antropología Lingüística y bibliotecología en la University of Florida y Florida State University, respectivamente.  También, hizo estudios graduados en administración educativa en Andrews University en Berrien Springs, Michigan.  Es miembro de la Academia Peruana de la Lengua Aymara (APLA), institución que promueve el desarrollo de la literatura Aymara y la concientización de la identidad Andina.

J. Llanque ha participado como especialista en la enseñanza de la lingüística Aymara desde enero de 1976.  Actualmente, labora en la colección Latinoamericana de la University of Florida, forma parte del equipo de Proyecto Aymara que ofrece la enseñanza de la lengua en el Internet y continúa con las investigaciones lingüísticas y antropológicas  para producir materiales en el área de lingüística histórica Aymara.


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Octavio Paz, en El Laberinto de la Soledad, ha expresado con elocuencia y sapiencia la importancia de la diversidad en los asuntos humanos en todo el mundo. En este trabajo corroboramos cómo la cultura tradicional andina ha contribuido para proteger y conservar las diversidades culturales y las biodiversidades naturales.

Los cronistas hispanos y andinos han dejado documentos importantes sobre la diversidad de lenguas y culturas que poblaron diversas zonas ecológicas y regiones de los Andes meridionales. El jesuita Ludovico Bertonio en su obra Vocabulario de la Lengua Aymara, publicada en Juli en 1612, nos entrega una lista de naciones y pueblos distintos y mucha variedad de lenguas. Solamente en nuestra región existían reinos tales como Canchis, Canas, Collas, Lupaqas, Pacajes, Carangas, Soras, Quillaguas, Lipiz, y Chichas entre otros. Cada uno de estos reinos estaba organizado política y económicamente. Además, el otro connotado cronista Cieza de León se maravilló de los habitantes de la ciudad del Cusco. En ella poblaron representantes de otras naciones lejanas como Chile, Pasto, Cañaris, Chachapuyas, Huancas, Collas y demás tribus que se encuentran en las provincias del imperio (Cieza de León, 1553).

En el vasto territorio de los Andes existían numerosas naciones y lenguas que convivían en reciprocidad y se complementaban unos con otros. Los Mochi, Tiwanaku, Wari e Incas practicaron políticas que armonizaban la relaciones sociales, orientadas en función de los recursos económicos y ambientales, con el sistema de Mit’ma (trabajo en turnos). Para las regiones que no contaban con suficientes recursos para la agricultura, ni ganadería, la administración Inca preparaban lugares y tierras con recursos suficientes para el bienestar de los Ayllus (comunidades) trasladados. De esta manera los grupos étnicos se ambientaban y desarrollaban comunitariamente en nuevas tierras colonizadas y también se diversificaban sus lenguas y tradiciones. Las investigaciones contemporáneas andinas estiman que en todo el Tahuantinsuyo de los Incas se practicaban más de 500 lenguas y culturas (Murra 1975).

En lo que corresponde a la orografía andina, la Pachamama (Madre Tierra) hace posible que los nichos ecológicos (andenes) alberguen otros cientos de variedades en los reinos vegetal, animal y mineral. Los nativos andinos son conscientes de todas las diversidades que les ofrece la madre naturaleza, por estas dádivas ensalzaron con rituales a las deidades como protectoras de todas las vidas. La geografía andina es uno de los determinantes para generar los diferentes nichos o zonas ecológicos a diferentes elevaciones y temperaturas, como nos describe el geógrafo Javier Pulgar Vidal. De acuerdo a sus investigaciones, existen 96 zonas de vida natural y una biodiversidad tan amplia que convierte al Perú en uno de los países con mas recursos naturales del planeta. Además, corrige la división tradicional de costa, sierra, y selva con su detallado estudio de la geografía, con ocho regiones de diversa y compleja orografía del Perú: Chala (Costa), Yunga, Quechua, Suni, Puna, Jank’a (Cordillera), Ruparupa, Selva alta (Amazonía) y Selva baja (Javier Pulgar Vidal, 1981).

En cuanto a las creencias religiosas, los Mochica, Tiwanaku, Wari e Inka, no tuvieron formas de Estado globalizadores que buscaban uniformidad en un mundo tan diverso como fue y es todavía la realidad andina. Ellos toleraron en sus jurisdicciones diversidad de creencias, variedad de lenguas, y muchas formas económicas y culturales; estas culturas florecieron en un clima de mutua cooperación a pesar de su abrupta geografía y de sus diversas costumbres. Eran heterogéneos hasta en sus creencias religiosas. El cronista Santa Cruz Pachacuti Yamqui describe en sus crónicas las deidades andinas en un mapa cosmogónico (Urbano 1992). La concepción andina interpretada por el cronista nativo es una cosmovisión propia sobre creencias en aquellos tiempos. El templo de Qurikancha en el Cusco estaba lleno de deidades representadas con símbolos que reflejaban sus concepciones acerca de la religión andina. La lista que se nos presenta en el mapa cosmogónico empieza con Waricocha (creador), luego continúa con Inti (sol), Qilla (luna), Illapa (rayo), Quyllur (Venus), Pachamama (Madre de tierra), Apache Ururi (lucero de la mañana) entre otros. Hoy estas mismas deidades sobreviven en la mente de los yatiris (sacerdotes nativos) y amautas (sabios) andinos. Los rituales religiosos son celebrados por líderes espirituales que invocan a sus deidades para pedir permiso y agradecer las bondades que les brinda la Pachamama (Madre Tierra). Para la idiosincrasia andina, cada montaña, manantial, lago, colina, río, entre otros, son moradas de los Apu (deidades protectoras), y cada cual tiene su Wak’a (ente sagrado). El mundo andino es megadiverso en todos los aspectos tanto en el pasado como en el presente.

Las culturas andinas a través del tiempo desarrollaron tradiciones muy congruentes con su hábitat, tan complejo como es los Andes. El Mallku (Cóndor), ave sagrada, continúa vigilando las variedades en los cielos andinos. Su etimología Jaqiaru nos explica Khunt’uri: Khunu (nieve) raiz nominal, y T’uri (triturar, masticar) verbo de tercera persona; su análisis lingüístico evidencia que el lexema khunt’uri (cóndor) habita en las altas cumbres de nevados andinos, tomando el nombre de deidad Mallku como centinela y guía. El indomable Puma tutelar sigue imperando en el mundo de reino animal andino; el Ukuku (oso andino) es otro mamífero tutelar en peligro de extinción. Gracias a su biodiversidad estas especies todavía sobreviven las adversidades; pero para estas diversidades la vida no está garantizada a pesar de las ricas tradiciones andinas de conservación.

Otra de las tradiciones acertadas de conservación es la modalidad de Awkiniri(auquénido)protegidos por deidad Awki. Ilustraremos este vocablo Awki.ni.ri (awki es raíz nominal, ni es morfema posesivo, iri es sufijo nominalizador) de la lengua Jaqiaru, encierra mucho espacio y profundidad semántica. Su morfología sintáctica revela lo siguiente: Awki (deidad tutelar de todos seres vivientes); el sufijo ni es posesivo y declarativo, y el sufijo iri es nominalizador de la tercera persona. El análisis de este vocablo asevera que los andinos forjaron tradiciones y creencias muy concordes con su medio ambiente para la conservación de la biodiversidad. El Awki no solamente cobija y protege a las allpaqas (alpaca), qarwa (llama), wari (vicuña), wanaku (guanaco) sino que todas las biodiversidades son amparadas por las deidades. Los denominativos Awki, Apu, Wak’a, Inti, entre otros, son protectores de los seres vivientes en el mundo andino y si hay una trasgresión contra uno de los protegidos (Awkiniri) se habría alterado el balance de la vida armoniosa y por lo tanto es necesario una reflexión y corrección comunal. En consecuencia, es propicio rendir cuentas en el recinto sagrado llamado apachita (apayasita) lugar para hacer pedidos rituales con la hoja sagrada de la quqa (coca) y la hierba aromática de q’uwa para el bienestar de la comunidad.  Esta es la norma tradicional que rige la vida de buen vivir (suma qamaña) en las comunidades andinas hasta nuestros días.

En lo que se refiere a las lenguas, hoy tenemos todavía a la lengua Aymara con cuatro variedades, dispersas en varias regiones. La lengua Quichua tiene más de 20 variedades según Torero (1974), y las lenguas amazónicas están dispersas con más de 50 variedades.  En este universo multicultural, estos pueblos armonizaron sus diferencias socio-económicas y políticas con normas tradicionales de trabajos comunales, tales como Mink’a (trabajo de auxilio), Ayni (trabajo de ayuda mutua), Yanapa (ayuda voluntaria), Jayma (trabajo de beneficio comunal), Jalxata (ayuda temporal), y Qurpaña (hospedaje al viajero) entre otros. Estos principios de generosidad, solidaridad y reciprocidad todavía se practican como normas y costumbres tradicionales para mantener relaciones socioeconómicas entre todos los habitantes de distintos pisos ecológicos.

Entre los ejemplos clásicos de la biodiversidad en los Andes, tenemos a la papa andina que tiene cientos de variedades y que se cultivan a diferentes altitudes y en nichos ecológicos distintos y andenerías. Los expertos en el cultivo de la papa andina calculan que en la región del sur del Perú todavía existen más de 400 variedades y estas mismas especies de papas fueron domesticadas precisamente por nuestros antecesores andinos en los albores de la historia andina alrededor del lago Titicaca (Reader, John, 2009).

Cuando los españoles invadieron los Andes en el siglo XVI se sorprendieron con el tubérculo de la papa que era uno de los recursos alimenticios más importante para los pueblos que habitaban en esas regiones. Con el transcurrir del tiempo la papa andina llega a otras partes del mundo. Sobre todo una variedad de la papa había sido adoptada por los irlandeses en el siglo XVIII; la adoptaron y la cultivaron por décadas como su propio recurso alimenticio esencial, y la llamaron “Irish potato” (papa irlandesa). Nunca se imaginaron que este alimento importante sería afectado por una plaga (hongo) que los expertos llamaron oomycete phytophthora infestans. Esta enfermedad destruyó todos los sembríos de la papa irlandesa que habían sido cultivados con mucha diligencia por los habitantes de esa nación. En 1845, todo el país estaba devastado por la hambruna que se apoderó de toda las comunidades desde 1845 hasta 1849. Cuando la estación de la cosecha ha llegado, los cultivos de papas estaban totalmente destruidos por el hongo. Miles de personas murieron por falta de este alimento, los cuerpos debilitados fueron fácilmente atacados por las enfermedades. Muchas vidas humanas sucumbieron a causa de esta gran hambruna al igual que los animales que dependían de este alimento tan importante. A causa de esta tragedia también miles de habitantes emigraron a otras tierras foráneas hasta que la tierra irlandesa se veía severamente despoblada en aquella época (Lyons 2002).

¿Que había ocurrido para que este pueblo confiara tanto a un tubérculo andino?  Pues, precisamente la variedad de papa que habían adoptado de los Andes era una sola. Y esta variedad se había aclimatado y proliferado en forma uniforme por toda la tierra irlandesa sin otra variedad. La enfermedad que había atacado a esa sola variedad también se había concentrado con toda su potencialidad y no tuvo otra alternativa que sacrificar a esta sola variedad de papa. Esta es la historia de la papa andina sin variedades en tierras lejanas y sin auxilio que el mundo puede atestiguar la tragedia de la papa irlandesa.

Este mismo caso es explicado por los genéticos y botánicos que la uniformidad, con una sola especie, el monocultivo de cualquier variedad está condenado a perecer por su empobrecida variedad, por que a falta de diversidad genética deja a una variedad huérfana y vulnerable a las enfermedades, como la que devastó implacablemente la papa irlandesa. Si esta variedad de papa irlandesa hubiese tenido por lo menos una variedad colateral a su lado, hubiera sido socorrida y preservada, como ocurre con otras variedades de papas en los Andes a través de la polinización. Porque la especie vigorosa revive a la otra variedad debilitada a través de la milagrosa polinización natural, inclusive hace generar otra variedad más fuerte que la enferma.

Hoy la papa de origen andino sigue siendo alimento valioso para miles y millones de habitantes en el mundo. Por esta razón los pueblos andinos reverencian a este tubérculo como un recurso esencial en sus tradiciones gastronómicas y culturales. El ritual que se rinde a la Mamata (deidad de la papa) es de singular trascendencia, en donde las semillas de diversas y exóticas formas son seleccionadas durante la cosecha para este rito anual; estas papas son colocadas sobre una prenda especial llamada istalla. Cada una de las papas es conectada a través de una hilera. En el centro se ubica una papa especial, representando a la Mamata (deidad principal); para la idiosincrasia andina ella es la que brinda el licor andino chicha o k’usa con todos los asistentes. De esta manera es ensalzada su importancia como sustento de la vida (Llanque 1974). En este mundo de biodiversidad, no solamente la papa es apreciada; hay variedades de tubérculos que son de igual importancia como el isañu (isaño o mashua), illaku (olluco), apilla (oca) y otros. Entre los cereales, la quínoa o quinua (jirwa) posee muchas variedades que hoy asombra al mundo gastronómico con una riqueza de valor nutricional. Asimismo tenemos en el recetario gastronómico andino el sipichi o sipicha (sebiche, ceviche) plato tradicional y símbolo de la exuberancia. Para su preparación incluye productos de diferentes zonas ecológicas: pescado del mar; maíz y la papa de valles interandinos; yuca de yungas amazónicas, y ají, limón y cebolla de valles cisandinos. Su etimología refonemizada de la lengua Jaqiaru indica sipichi/sipicha: sipi es raiz verbal del verbo sipiña (trozar), y sus declinaciones son sipichiri, sipichaña, sipiri y otros. El sufijo chi es inflexión verbal y nominalizador. Su significado literal es desfibrar, disgregar, desmembrar en pequeños trozos el pescado o carne, dejando solamente huesos, como lo hacen las aves rapiñas. Este plato sipichi/sipicha (sebiche) efectivamente representa el símbolo de la biodiversidad gastronómica andina. Otro clásico ejemplo de similar importancia es el plato isk’awichhi (escabeche) mezcla de verduras y algo de carne: isk’a (pequeña cantidad), wichhi (añadiduras). Su connotación literal es un poco de toda variedad.

En resumen, los Andes es un universo multicultural con exuberante biodiversidad.  No podemos seguir evocando las políticas de uniformidad, globalización y de homogeneidad. Tenemos que revisar nuestra historia con rigor auténtico y genuino,que nuestros antepasados andinos vivieron y brillaron en diversidad, desarrollando civilizaciones que el mundo sigue admirando hoy. Somos herederos de la diversidad de recursos vitales para nuestra prosperidad. Nuestras raíces culturales demuestran que en los Andes se llevaba la bandera policromada Wiphala representando diversas naciones en un ambiente multicultural, plurilingüe y mega diverso (Echiade 2010). Consideraron que la diversidad era, y es, una riqueza reservada para resolver problemas en un mundo de adversidades geográficas, culturales, lingüísticas, entre otros. Estaban seguros y resueltos en vivir armoniosamente con la diversidad. Que la diversidad no era un obstáculo ni dañino, sino que son todavía recursos atesorados de incalculable abundancia para el bienestar general suma qamaña (buen vivir).

Nuestra historia esta plagada de tragedias sociales, económicas, y políticas, precisamente por tener un mundo tan diverso que atrajo opresores, avaros y explotadores totalitarios. En tiempos coloniales las invasiones extranjeras causaron destrucción de nuestros valores culturales y demás recursos naturales, sobre todo la biodiversidad. El colonizador dictado por sus soberanos y con mentalidad medieval, imponía unilateralmente; sometía a un solo dominio político absoluto, a una sola religión monoteísta. Con políticas inquisitoriales que perseguía y ejecutaba al que practicaba otras creencias, lenguas y costumbres llamadas paganas. Los andinos sometidos bajo una política tiránica hacia lo homogéneo, no tenían otras alternativas que aparentar en practicar una religión abstracta, una lengua ajena, y someterse a un monarca fantasma en el allende el mar.

Hoy en un ambiente democrático podemos hablar de descolonización, podemos promover políticas de diversidad cultural, lingüística, reivindicando la sabiduría tradicional de nuestros pueblos, tolerando y respetando las diferencias para reafirmar el desarrollo integral y sostenible. No somos ajenos a la diversidad, ni multiculturalismo, mucho menos al multilingüismo. Nuestros antepasados andinos triunfaron en diversidad.  Se enriquecieron unos a otros gracias a sus políticas de pluralidad y diversidad; solucionaron sus problemas de hambre y pobreza, como lo atestiguan los cronistas históricos. La diversidad es una esperanza para resolver nuestros problemas socio-económicos, son recursos redimibles para salir de crisis mundial que nos aqueja.

Algunos países andino/amazónicos, como Bolivia, Ecuador, Brasil, entre otros, al evidenciar desequilibrios y pérdidas de sus recursos naturales, por causa de la explotación y destrucción irracional, han orientado sus políticas ambientalistas para proteger y conservar las biodiversidades. Después de siglos de colonización las políticas impositivas de uniformidad, globalización, y homogeneidad están latentes. Frente a esta realidad amenazante a las diversidades no hay otra alternativa que recuperar, reconstruir, y practicar las normas tradicionales andinas que realizaron nuestros antepasados. De lo contrario, no contaremos con la riqueza exuberante que tuvieron para enriquecer la vida en general. Al promover las pluralidades, al respetar las otredades, al aceptar diálogos de inclusión se habrá cumplido también con la proclamación de los principios sagrados derechos humanos como el clamor universal de las Naciones Unidas.

REFERENCIAS

Bertonio, Ludovico, 1984 (facsímile de original publicado en 1612): Vocabulario de la lengua aymara, en Serie Documentos Históricos, No. 1. Cochabamba, Bolivia: Centro de Estudios de la Realidad Económica y Social.

Cerrón Palomino, Rodolfo, 1987: Lingüística Quechua. Cusco, Perú: Centro de estudios rurales andinos “Bartolomé de las Casas”.

Cieza de Leon, Pedro de, 1959 [1553]: The Incas of Pedro de Cieza de León, translated by Harriet de Onis, edited by Victor Wolfgang von Hagen. Norman: University of Oklahoma Press.

Echiade, Javier, enero 20, 2010: “El Significado de La Wiphala”. En: http://javierechaide.blogspot.com/2010/01/el-significado-de-la-wiphala.html (Ingreso: 25/08/2015)

Guibert, Rita, 1974: Siete Voces. Mexico DF: Editorial Novarro, S.A.

Llanque-Chana, Justino, 1974: “Religiosidad en la Agricultura Aymara”, tesis, Normal Superior de Varones, ‘San Juan Bosco’, Salcedo, Perú.

Lyons E., Mary, 2002: Feed the Children First: Irish Memories of the Great Hunger. New York: Atheneum Books.

Murra, John, 1975: Formaciones económicas y políticas. Instituto de Estudios Peruanos: Lima, Perú.

Paz, Octavio, 1997. El laberinto de la Soledad. New York: Penguin Books.

Pulgar Vidal, Javier, 1981: Las Ocho Regiones Naturales del Perú. Editorial Universo. Lima, Perú.

Reader, John, 2009: Potato: A History of the Propitious Esculent. New Haven: Yale University Press.

Torero, Alfredo, 1974: El Qhichua y la Historia Social Andina. Lima: Universidad Ricardo Palma.

Urbano, Enrique y Sánchez, Ana, eds., 1992: Antigüedades del Perú, Historia No. 16. Madrid: Crónicas de América; Serie 70.