El viernes 26 de noviembre, se realizó la tertulia en torno al tema violencia y cultura. Animó la discusión Simón Pedro Arnold, del Instituto de Estudios Aymaras (IDEA) de Chucuito, Puno.

Participaron (en orden alfabético): Ana M. Pino (anfitriona), Armida Pino, Juan Villegas, María Eugenia De Aliaga, Mario La Riva, Martha Giraldo, Patricia Ryan, Paul Seibt, Simón Pedro Arnold (presentador del tema), y Sonia Molina.

EL TEMA:

Presentaré rápidamente unas hipótesis sobre cómo los ciclos culturales, la misma dinámica cultural, engendra también fases de violencias; cómo la violencia está inscrita en el mismo proceso cultural, en particular a través de la religión; dicho en otras palabras, cómo la religión es quizás el detonador de la cuestión de la violencia cultural. Eso sería un primer punto, reubicar la violencia dentro de la misma configuración de lo cultural. Un segundo momento sería leer la post modernidad como crisis de las instituciones productoras de sentido, en general de todas las instituciones productoras de sentido, y que es frente a esta crisis que las culturas subalternas entran en un proceso violento (podemos poner también en culturas subalternas las subculturas, la juventud por ejemplo). En un tercer momento, podemos volver al Perú, pero no voy a desarrollarlo demasiado.

Creo que el origen de la cultura, de toda cultura, es la experiencia de la fragilidad, de la vulnerabilidad humana; el ser humano resulta siendo el animal más frágil y más vulnerable de toda creación (ni siquiera se puede proteger del frío solito), y frente entonces a un entorno globalmente amenazador (el cosmos, las enfermedades, el clima, los terremotos, en fin), sintiéndose constantemente amenazado y violentado potencialmente, es que empieza el proceso de creación de cultura. Doy rápidamente mi definición actual de cultura: es la relación creativa de una comunidad humana con su entorno cósmico e histórico. Esta relación creativa pasa necesariamente por dos etapas fundamentales que son: primero, la etapa de domesticación del entorno a través de relatos mítico; los relatos míticos tienen como función domesticar la realidad amenazadora, la violencia. Muchas veces la domestican pasando por relatos violentos, por catarsis violentas; y el segundo mecanismo es la traducción de este relato mítico, explicativo, dando sentido, etc., en todo un sistema de interrelación de la comunidad entre si y con el misterio, con el mito, con el relato, con el entorno. Es justamente en este manejo del sentido, es decir manejo del relato y manejo de las redes rituales, que interviene evidentemente la religión; la religión siendo la primera institución o la institución de las instituciones diría yo la que se hace cargo de los mitos o el sistema de manejo de los mitos, de los relatos de sentido, y de los sistemas de relaciones con el sentido a través de ritos; los encargados, la clase sacerdotal (me atrevo a hablar de clase sacerdotal por el sentido marxista de la palabra), es la que va a manejar toda esta capacidad de controlar la violencia, controlar la muerte, controlar la amenaza; e históricamente este grupo, esta clase, se va a transformar en una clase de poder, lo que creo se entiende muy bien. La primera experiencia de poder político social es el poder sacerdotal con toda evidencia. Bueno, quisiera después preguntar cómo funciona el sacerdocio en la cultura andina, que es un poco distinto, eso siempre me ha interesado, es otro tipo de sacerdocio, más sapiencial y menos institucional. Retomando, creo que la violencia está en el origen de la cultura, es el motivo de la cultura, pero también está en la crisis de la institución sacerdotal o religiosa, es cuando la institución religiosa se transforma en autojustificación, o ve su rol social como auto-perpetuación, cuando se vuelve realmente un poder, entonces la cultura entra en crisis y es todo el fenómeno de caos reencontrarse (cuando la comunidad ya no puede identificarse con sus relatos y con su sistema ritual). Eso es lo que está pasando actualmente en la modernidad como un problema de identificación a pesar de que se está hablando de identidad que es también un tema interesante. Bien, creo que la violencia está en la cultura, está en el origen y está en la producción cultural y en particular en la religión, la que maneja las angustias, los temores, los miedos; habría que trabajar muchísimo más.

Paso a mi segunda propuesta: la post modernidad como la crisis justamente de las instituciones productoras de sentido. Creo que es la primera vez en la historia de la humanidad que todas las instituciones productoras de sentido han perdido todo tipo de credibilidad: la iglesia, la escuela, la familia, el estado por supuesto, la universidad, creo que estamos en un paso de un tipo de ética, de esta ética moderna, a otro que no sabemos cuál va a ser; y en estos momentos estamos en un vacío completo porque la mayoría de las instituciones siguen hablando el lenguaje de la modernidad o de la pre-modernidad y además la gran mayoría de esas instituciones productoras de sentido se han desprestigiado y se siguen desprestigiando, o sea no son creíbles por su propia coherencia con su discurso; ese es un primer tema, estamos sin correas de transmisión, ya no hay correas de transmisión de tradición, de relatos, de sentido. Y además, estamos ante un fenómeno de globalización que llamaría antagónica, paradójica; por una parte hay una globalización económica sumamente intolerante y dictatorial (un solo modelo para el mundo entero) y una globalización cultural sumamente tolerante, donde todo es posible, donde todo puede entrar, quizás a través de los medios de comunicación, el tema de internet, etc., hay una tolerancia y un pluralismo cultural extraordinario. Me pregunto, y no sé si es cierto, si la post modernidad no es la primera civilización o cultura no racista, culturalmente, y que en la medida que el Perú entre en la post modernidad va a superar, o podrá superar, su drama más grande que es el racismo; ya vemos algunos rasgos de esto, claro hay algunos recalcitrantes, trogloditas, pero pienso que esto es incompatible con la post-modernidad. Una globalización cultural que es más bien pluralista, tolerante, abierta, no reivindicativa, dentro de una globalización económica muy dictatorial, origina tensión y es dentro de esta tensión que entonces el mercado de los valores [éticos, morales, sociales, etc.] es un mercado libre, un poco como los aires liberados, el mercado de valores esta libre porque las instituciones han decaído, están muertas prácticamente, y entonces los valores están ahí en el aire, en el mercado, son parte del mercado (lo que se decía de los medios de comunicación es eso: mercado de "valores" o contravalores, pero en estos momentos no se ve la diferencia, están allí todos en el mercado) y además esos valores se están transformando en valores económicos y lo que siento es que la post modernidad a nivel de valores es un poco como un átomo donde todos los elementos se están moviendo en este momento, no tienen aún su consistencia, su lugar; siento más bien que estamos en un momento de gran búsqueda, búsqueda de identidad realmente porque en esta globalización el gran drama es la pérdida de identidad (los nuevos medios de comunicación pueden ser productores de modernidad, el chat es algo mejor que la televisión de masa francamente, a ese nivel por lo menos, puede ser porque muchos lo usamos) entonces, hay una búsqueda de identidad y es esta búsqueda de identidad otro fenómeno de la post-modernidad; el primero fue la muerte de las instituciones productoras de sentido; dos, globalización antagónica; tres, producciones de valores dentro de un mercado libre; cuatro, fracaso de la racionalidad moderna, toda la racionalidad moderna ha fracasado, ya sea la racionalidad filosófica, científica, política, democrática, todo eso no digo que ha fracasado de hecho pero aparece como fracasado, pienso más bien que hay que rescatar muchas cosas de la modernidad si queremos pasar a otro lado y en esta racionalidad moderna fracasada surge una nueva irracionalidad: la identidad no va por los cauces racionales sino que va por cauces totalmente irracionales y de maneras totalmente impensables, hablemos de los aymaras por ejemplo, hablemos de los yugoslavos (Europa, civilización europea, antiquísima) y la búsqueda de identidad entonces va por caminos totalmente irracionales de búsqueda étnica, antimoderno, anti post moderno; entonces, creo que también hay una búsqueda de identidad no racional, irracional, también en las clases dominantes y decadentes como el caso del bajo imperio romano tan afanados en cultos orientales. Pero hablaría más de esta irracionalidad que brota de los grupos excluídos, estos 90% de la población mundial que están excluídos de la racionalidad económica, ahí sólo les queda la irracionalidad; hablando de Puno p.e., suelo decir que en Puno se encuentra todo, todo lo que se encuentra en Toronto, quizá menos bien presentadito pero se encuentra prácticamente de todo. En nuestras zonas, en las zonas pobres, todo lo tenemos en vitrina pero a puerta cerrada con candado, es decir que no se puede entrar en ese mundo, se lo puede ver (p.e. en internet) pero no lo puedes aprovechar y eso provoca justamente una violencia dramática y pienso en particular entonces ahora en todos los grupos con identidad cultural tradicional fuerte pero insegurizada por la modernidad: los jóvenes por ejemplo, hace ni diez años a un joven de Chucuito no se le podía llamar aymara, sentía vergüenza y te rehuía, nunca te decía que hacía ritos p.e. o no iba a bailar, miraba bailar a los mayores pero no bailaba, hoy día es frente a la vitrina cerrada del mundo post moderno lo único que queda es el retorno a su identidad aún cuando siga sintiendo vergüenza, es lo único que queda, pero entonces estamos allí ante un problema muy fuerte, las instituciones productoras de identidad, de valores, tanto occidentales (la iglesia, la escuela, el estado) como también tradicionales (los papás - suelo decir que mientras los papás piensan como Manco Capac, los hijos piensan como Michael Jackson) también hay una crisis de transmisión en la cultura tradicional igual, pero hay como una especie de reidentificación romántica que es el lugar de desfogue de la frustración, de la frustración de este mundo post moderno que rompió toda la referencia y no cumple otras promesas. Hasta ahí y en grandes líneas... bueno, el Perú, creo que el Perú es el país más post moderno de América Latina y quizás Puno una de las ciudades más pos modernas del Perú curiosamente, acá hay como una especie de pasión por los mensajes y los signos y los iconos post modernos. Creo que el drama del Perú es que no hemos solucionado los viejos problemas que son problemas pasados de moda, el racismo es un problema pasado de moda, el nacionalismo es un problema pasado de moda, el criollismo es un problema pasado de moda, la política nacional que estamos practicando eso no es moderno, el resto no está solucionado, y vemos después de diez años que todo está por estallar igual, hay esta fuente tradicional de violencia, el desprecio, pero que va añadido al nuevo contexto post moderno que acabo de tratar de dibujar y entonces pues el cholo que se enfrenta con el criollo ya no es el pongo de Arguedas, el tontito que se agacha y que se deja poner mierda encima, ya no, el pongo hoy día salió de la universidad y es licenciado, quizás no como si estuviera saliendo de Oxford pero sí, piensa distinto, ya no es Manco Capac y allí que va a pasar, ya no es la misma violencia que estalló regularmente a través de toda la historia del Perú (en el Perú han habido estallidos indígenas de violencia) hoy día es muy diferente a pesar de ese aparente retorno a una identidad irracional romántica; a mi me da mucho miedo ese veleticismo, muchísimo miedo, y que por lo menos se hable de identidad andina, que se abra a la diversidad, eso sí es compatible con la cultura actual pero hoy día este veleticismo mezclado con la frustración de la post modernidad puede ser una bomba de tiempo mucho más grave que sendero luminoso.

EL DEBATE:

El tema dio y da para mucho. La discusión abarcó temas conceptuales como modernidad, trans modernidad, como un término transitorio; también contemporaneidad y claro está, cultura. Estando de acuerdo con la definición de cultura planteada por Simón Pedro, se la señala además como la patentización de la presencia humana, sin valorar la cultura en si sino sus manifestaciones.
Parte importante de la conversación giró en torno a las evidencias de la crisis de las instituciones productoras de sentido, llegamos a algo interesante como el hecho de que esta producción de sentido aluvional (efímera) puede producir nuevo sentido sobre la base de las contradicciones que genera, el problema es cuánto es lo que sirve y a quiénes sirve. Se puso como ejemplo el cómo es posible que existan sociedades y religiones y culturas que en su mensaje de paz construyen violencia (el budismo p.e.) encontrando que una cosa es el mensaje y otra el poder que se quiera detentar.
Los extremos producidos por la globalización también fueron debatidos, p.e. el cómo la globalización económica es dictatorial y en consecuencia violenta, generadora de exclusión, el que a su vez reaviva mecanismos sectarios que se vuelven productores de irracionalidad. Todo lo marginal del sistema reacciona desde lo irracional. Surgen propuestas efímeras, que no es sentido, el sentido es rector de acción, y lo que es peligroso es que estas propuestas efímeras son tremendamente conservadoras, no hay nada nuevo en ellas.
Se planteó una analogía: pensamiento occidental y pensamiento andino para rescatar sentidos sobre la base de que la cultura es dinámica, y la que vivimos es una cultura impuesta, sustentada tal vez en lo que Van Kessell denomina ansiedad mimética. Sería útil que la racionalidad haga seguimiento de las frustraciones que son también generadoras de violencia, definida ésta como toda forma introducida que va contra el curso normal de la naturaleza humana. La violencia es un rechazo al sistema pero en la actualidad y en nuestra sociedad, vista no como única sino como multicultural, la violencia es un rechazo de un lado pero no del otro y la frustración es permanente.
Se debate también sobre el planteamiento de que la violencia tiene un componente genético, por consiguiente hereditario, si es que analizamos la historia de los pueblos y del ser humano. En ese sentido se plantearon reparos, con el señalamiento de que podemos hablar tal vez de "herencia social" (lo ético es histórico, no es biológico) ya que las causas de la violencia que se pueden ubicar en estos momentos, todas son culturales: el miedo que produce inseguridad (el temor a lo desconocido produce miedo), la frustración (el descontento, la represión) y el odio (el desprecio). Se abordó el tema de la inseguridad, señalando p.e. que el criollo no quiere ser lo que es y no logra ser lo que es, en consecuencia es tremendamente inseguro (culturalmente) y la única manera de sobrevivir es agrediendo al otro. La producción de sentido es violenta, se hace excluyendo al otro y en eso, la crisis de la producción de sentido parece una buena noticia, no sabemos hasta cuando, pero permite que todo aflore.
Se tocó el papel o responsabilidad de la iglesia como institución religiosa que legitima la violencia cuando el poder está de por medio y que sería distinto cuando la institución se pone al servicio del mensaje (cristiano) y valora más su rol de puente que de poder.
Se debatió el caso Ilave, señalando como componente adicional, a todo lo mencionado, la falta de diálogo o la unilateralidad del diálogo, o el diálogo que se transforma en acuerdo o componenda de unos pocos (en función de sus intereses) en el juego político, de la ausencia de diálogo que establezca puentes de entendimiento, comprensión del otro, y que conlleve respeto por el otro y relaciones horizontales. De cómo la tolerancia es la fachada de las sociedades paralelas que ocupan el mismo espacio pero que finalmente no conviven entre sí, el sincretismo es engañoso cuando ni siquiera hay la voluntad del entender o comunicarse con el otro.
El punto más difícil de tratar fue el ¡Qué nos toca!? porque allí el problema principal es que no hay una propuesta, un proyecto político. Tampoco lo vamos a construir así no más y mientras tanto tendríamos que buscar y encontrar puentes a través de la comunicación intercultural, y no sólo por entender o captar o traducir a nuestra lógica occidental el discurso del otro sino realmente por escuchar y acoger el discurso del otro como parte de otra verdad. Desde donde estemos cada uno, tratar de relacionarnos horizontalmente, en todo sentido, y apuntalar grupos pequeños alternativos, donde funcione aún el control social y donde se pueda buscar nuevos paradigmas, p.e. en lo que queda de la comunidad quechua o aymara, o en la religión andina: sin instituciones, doméstica, de acompañamiento, es una alternativa!!!

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