Biblioteca de la Casa del Corregidor. Puno, Perú
Código de registro: 004175
Ficha:
CABREJOS BRAGA, Mario. RELACIÓN DE LA AMAZONÍA CON LOS ANDES EN ÉPOCAS PRE-INCAS. Extractado de: Apuntes para una historia y geografía del departamento de Madre de Dios. Rainforest expeditions, XIV Curso de intérpretes ambientales. Río Tambopata-Madre de Dios, febrero-marzo 2007. 105pp.
Mario Cabrejos con Julio C. Tello
Mario Cabrejos Braga
(Italia, 1949)

Poco se reconoce la influencia de los pueblos amazónicos en la cultura andina. Los que vivimos en este espacio altiplánico casi lo pasamos por desapercibido a pesar de las evidencias iconográficas que observamos desde épocas muy tempranas como en Taraco (Puno, Perú) o en rutas de tránsito como es el caso de Boca Cahquimayo y las pinturas rupestres de Carabaya. Cambiar esta percepción es necesario pues Puno cuenta con territorio amazónico que de alguna forma permanece excluído de nuestra comprensión regional que debe ser integral. Por eso, la valiosa colaboración de Mario Cabrejos, al dar su aprobación para adaptar parte de su texto y permitir su difusión, constituye un aporte, a manera de iniciación, para revisar los nexos que históricamente existieron y que permiten comprender a nuestra región más integralmente.

¡¡Gracias Mario!!




DEL AUTOR

Ingeniero zootecnista por la Universidad Nacional Agraria La Molina. Guía práctico de turismo. Ha publicado Apuntes para una Historia y Geografía del departamento de Madre de Dios para el XIV curso de intérpretes ambientales del Tambopata Research Center y Posada Amazonas. Participó anualmente como profesor en el curso de capacitación de intérpretes ambientales de la empresa Rainforest Expeditions (Tambopata, Madre de Dios, Perú)

Su ponencia al Primer Congreso para la Preservacipon y Difusión de las Cocinas Regionales de los Países Andinos, llevado a cabo en noviembre 2003, Uso de los recursos en la costa y la amazonía peruana durante la prehistoria está recogida en Desde los Andes al Mundo, Sabor y Color, editado por la Escuela Profesional de Turismo y Hotelería de la Universidad de San Martín de Porres, y ganador de un premio especial otorgado por la Gourmand World Cookbook Awards.

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RELACIÓN DE LA AMAZONÍA CON LOS ANDES
EN ÉPOCAS PRE-INCAS

Mario Cabrejos Braga
Febrero, 2010

La evidencia presentada por estudios arqueológicos y etno-históricos de los últimos treinta años, muestran al hombre ocupando la Amazonía no solamente desde el inicio de la ocupación humana del continente americano, sino, además, llevando a cabo una variedad de adaptaciones ambientales y sociales mucho mayor que las que encontramos en los grupos humanos que la pueblan actualmente.

Esta nueva evidencia se opone a la antigua teoría sobre la historia cultural de la Amazonía, que considera que fue ocupada como producto de “entradas” desde “Centros de civilización”, como los Andes centrales y el actual territorio mexicano, y que en ella se desarrolló una “cultura del bosque tropical” homogénea, de pequeños grupos subsistiendo gracias a una agricultura de roce y quema, de la caza y de la pesca.1

LO QUE MUESTRAN LAS EXCAVACIONES ARQUEOLÓGICAS EN LA AMAZONÍA

La arqueóloga Anna Roosevelt, quien ha conducido importantes excavaciones en la Amazonía brasileña, distingue cinco grandes estadios sucesivos en el manejo de los recursos amazónicos durante la prehistoria: cazadores-recolectores nómadas; pescadores-recolectores-intensivos-horticultores incipientes; horticultores de roce y quema, grandes poblados de agricultura en camellones, y, finalmente, poblaciones muy grandes y densas, mantenidas por agricultura intensiva de granos, complementada con caza y pesca intensiva, de las que fueron testigos los primeros europeos que visitaron la región.

I.     ENTRE 11,500 Y 10,000 AÑOS ATRÁS: CAZADORES-RECOLECTORES

NÓMADAS

LA TEORÍA DE “CLOVIS PRIMERO”

En realidad 11,500 años como límite más antiguo para la presencia del hombre en América es el resultado de la feroz crítica que hacen a cualquier hallazgo anterior a esa fecha los arqueólogos que sustentan la teoría de “Clovis primero”. La cultura Clovis, que se caracterizó por una punta de proyectil acanalada para cazar mastodontes, apareció en Norteamérica hace 11,500 años. Sin embargo, sitios brasileños, cavernas con arte rupestre como la Caverna da Pedra Furada, dan fechados de radio-carbono con fechas tan antiguas como 50,000 años.

La dispersión del material lítico encontrado, tanto en diversos tipos de hábitat amazónico —tierra firme o inundable, bosque de neblina, sabanas, bosques de galería, o pantanos— como a lo largo y ancho de la Amazonía —en el escudo cristalino de la Guyana, en el llano amazónico propiamente dicho, y en el escudo cristalino del Mato Grosso— habla de una ocupación extensiva de la Amazonía por una sucesión de bandas de cazadores-recolectores, que forrajeaban una gran variedad de plantas y animales del bosque y del río.

Estas bandas crearon arte en la forma de pinturas rupestres: Se han encontrado en el estrato más antiguo de cuevas pintadas importantes cantidades de pigmento rojo (oxido de hierro, hematita), que no se encuentra en estratos superiores.

A lo largo de las zonas alta y media de los río Madre de Dios, Urubamba, Ucayali, Huallaga y Marañon, en rocas, paredes y cavernas, se encuentran petroglifos y pinturas rupestres.

La velocidad de difusión de la técnica bifacial de hechura de puntas de flecha de piedra, técnica que aparece casi en simultáneo en Norte y Sudamérica, es probablemente debida a un continente prácticamente vacío, en el que los recién llegados no encuentran oposición de ocupantes más antiguos. Pero cabe señalar que esta rapidez de difusión de objetos, ideas o migrantes se volverá a encontrar a menudo a lo largo de la prehistoria de América.

Se percibe una disminución en el tamaño de las puntas de flechas de piedra hacia el final del periodo, lo que sugiere que se deja de lado la caza trashumante de animales grandes, y se tiende hacia una adaptación a sistemas de subsistencia más intensivos en una región determinada.2

II.    8,000 - 6,000 AÑOS ATRÁS: HORTICULTORES INCIPIENTES,
LOS GRANDES CONCHALES Y LA CERÁMICA MÁS ANTIGUA DE AMÉRICA
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Instrumental lítico de un conchal en Santarem, Brasil

Al inicio del periodo climático moderno, el Holoceno, grupos especializados en la pesca y recolección de moluscos se establecieron a lo largo del Amazonas y en las costas adyacentes a la boca del Amazonas y del Orinoco. En los grandes conchales de esa época, de varias hectáreas de superficie y de hasta 10 metros de alto, se ha encontrado cerámica decorada, la más antigua hallada hasta ahora en América, más temprana que aquella de los Andes adyacentes. Entre los objetos en piedra se encuentran moledores (batanes) y raspadores, indicios de un agricultura ya establecida.

Entre los recursos acuáticos de los basureros de esta época se encuentran grandes animales, como el manatí, las dos especies de delfines de la Amazonía, paiches y grandes silúridos, pero en su mayoría son peces pequeños. Como estos son el grueso de la biomasa renovable de los ríos, el haberlos consumido significa haber hecho un uso intensivo de los recursos y haber optimizado el rendimiento del bosque. También significa que pudieron haber sido pescados en forma comunal, siguiendo técnicas grupales que incluirían a mujeres y niños.

EL APORTE DEL ARQUEÓLOGO PERUANO DANIEL MORALES

El arqueólogo peruano Daniel Morales, autor del trabajo “Aportes Amazónicos al Formativo Andino” postula la introducción de la cerámica de la cuenca amazónica a los Andes centrales, recargada, además, con ideología de la región, la que se refleja en los iconos de las culturas del Formativo. Esto habría sucedido cuando cambios paleo ambientales provocaron movimientos migratorios hacia las cabeceras andinas, siguiendo las cuencas de los ríos amazónicos. En el caso de los Andes Centrales la vía habría sido el río Marañón. Morales encontró figurinas Chambira de arcilla cocida mostrando cráneos deformados de manera tabular erecta y también bilobados, anteriores a Chavín “lo que nos indicaría que estas costumbres son muy propias y más antiguas en la Amazonía, y que desde esta región llegaron como aportes a las culturas formativas de los Andes Centrales”, afirma.

Morales plantea la revisión de los postulados “costeñistas” que se manejan actualmente sobre el Formativo, llamando la atención hacia el lado amazónico del nororiente peruano

III.   4,500 - 3,000 AÑOS ATRÁS: EL PERIODO DE LAS ALDEAS DE
HORTICULTORES, ASENTAMIENTOS PEQUEÑOS Y ESTABLES

Esta ocupación prehistórica es la que más se asemeja a la ocupación de los grupos indígenas que aún viven en forma “tradicional” en la Amazonía. Los sitios son raros, pequeños —menores a una o dos hectáreas— e indiferenciados funcionalmente. La cantidad considerable de restos acumulados en ellos los tipifica como estables en el tiempo. En ciertas áreas como en la cuenca del Ucayali aparecen tostadoras de cerámica y ralladores, asociados al consumo de la yuca, y evidencias de consumo masivo de pescado, en una estrategia de subsistencia que adquiría proteínas de la pesca y energía de la horticultura. El rico arte cerámico de estos asentamientos registra mitos y cosmología.

IV.   3,000 - 2,000 AÑOS ATRÁS: GRANDES POBLADOS Y COMPLEJOS
AGRÍCOLAS SOBRE-ELEVADOS
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En algunas regiones andinas tropicales inundables o permanentemente inundadas, como la Pampa de Moxos en la actual Amazonía Boliviana; en la Isla de Marajó, boca del Amazonas, Brasil; en Guayas, Ecuador; en las sabanas de Colombia y en la Tigra o Caño ventosidad, Venezuela, grupos humanos manipularon la tierra para construir los primeros complejos de “camellones” barbechos altos o pequeñas terrazas de tierra asociados a extensos complejos agrícolas3. Estos se desarrollarían de tal manera4 que, actualmente, sus restos son claramente visibles desde el aire. En Bolivia, las antiguas calzadas de la Pampa de Moxos son usadas actualmente como base para carreteras. Denevan calcula que los Llanos pudieron sostener una población de 500,000 individuos, mayor a la actual población de la región.

V.    HACE 2,000 AÑOS: LOS REINOS AGRÍCOLAS AMAZÓNICOS Y LA
“TERRA PRETADO INDIO”

Algunos siglos antes de Cristo, la ocupación indígena de la Amazonía aumenta tanto en magnitud como en intensidad. Los asentamientos crecen, tanto en número como en tamaño. Para el 1,000 después de Cristo, enormes basureros de tierra negra de varios metros de profundidad se extienden a lo largo de las várzeas5, y miles de kilómetros cuadrados de tierra son alterados para construir túmulos, colinas artificiales. El Sitio de Os Camutins, en la isla de Marajó6, por ejemplo, contiene por lo menos 40 túmulos en un área de 10 Hectáreas; el asentamiento más grande de la tradición Guarita7 en el Amazonas central cubre más de 80 hectáreas; el sitio que se encuentra bajo la actual ciudad de Santarém8 es mayor que ella; en el Ucayali hay asentamientos de esa época de más de 30 hectáreas, según Myers. El mismo Myers estima que el asentamiento “N-P-1”, en el río Napo, podía haber albergado a unas 200,000 personas, siendo conservador en las cifras.

No se trata del resultado de una ocupación discreta y esporádica a lo largo del tiempo: la cronología cerámica de estos asentamientos muestra que tiempos relativamente cortos (de cientos de años) están representados por depósitos de basura de más de un metro de profundidad, henchidos de artefactos, restos de comida, estructuras, etc.9. Hay evidencia de la continua reparación, mantenimiento y reemplazo de estructuras como fogones comunales de barro cocido, y paredes y colinas artificiales de tierra. Hay también signos de una creciente complejidad en la organización política y social, que se aprecia, entre otros detalles, en la humanización de la iconografía, aparentemente relacionada con el uso del estilo artístico y el ritual funerario para justificar el poder y las prerrogativas de las elites.

El español de Espinosa cuenta que, al llegar en 1629 al primer poblado del río Amazonas después de la boca del Napo, “vinieron a recibirnos en el medio del río mas de 300 canoas, y las que menos cargaban llevaban diez, otras doce indios…y le dieron al gobernador, Pedro de Ursúa un gran obsequio de mas de veinte canoas de peces, maíz, maní y raíces … el poblado era muy grande, con mas de 8 mil indios … había en esta provincia alimento para las tropas suficiente para mas de seis meses, ya que a lo largo de los márgenes del río, mas de cuatro leguas arriba y abajo del poblado habían jardines de maíz y yuca dulce, siendo una tierra de excelente clima, que el río nunca inundaba

Este extraordinario desarrollo implicó una transformación en el modo de manejo de los recursos de la Amazonía. Se pasó a depender del cultivo intensivo de cereales, siendo el más importante el maíz. Este depender del cultivo de cereales tanto para la proteína como para las calorías, tiene su paralelo en la prehistoria norteamericana, así como durante el Neolítico del Viejo Mundo. En los niveles más recientes de detritos de estas “ciudades” se encuentra abundante maíz, semillas de palmeras, algo de leguminosas, y batanes.

Evidencia de este cambio de dieta de raíces al maíz se encuentra también en los huesos de los cuerpos encontrados. Al estudiar en el Sitio de Corozal en Parama, Orinoco medio, la relación isótopos de carbono / isótopos de Nitrógeno en huesos de más de 2,800 años, se encuentra bajo carbono y alto nitrógeno, lo que se espera de una dieta de yuca/pesca/caza. En esqueletos más recientes, entre 1,500 y 400 años atrás la relación es alto carbono/ bajo nitrógeno, típica de los que se alimentan principalmente con cereales. Lo mismo se constata en esqueletos recogidos por Lathrap en el alto Ucayali, que datan del primer milenio anterior a la llegada de los europeos.

Este método también ha mostrado diferencias de dieta entre individuos de la misma sociedad. En la colina artificial del río Goiapi en la isla central de Marajó se comprobó que la química de los huesos variaba considerablemente entre un individuo y otro, lo que sugiere diferencias sistemáticas en el acceso al alimento, lo que va paralelo a diferencias, también marcadas, en tipo de habitación y ajuar funerario.

SOFISTICADA SOCIEDAD EN LA SELVA DEL MATO GROSSO

Un artículo de cuatro páginas aparecido en la edición del 19 de septiembre del 2003 en la revista americana Science, ilustrado con imágenes satélite, y que es firmado, entre otros, por dos indios de la etnia kuikuro, residentes en el área, describe el tipo de sociedad que existía en el Alto Xingu, al norte de Mato Grosso, entre 1,200 y 1,600 después de Cristo: un conjunto de 19 aldeas de forma circular, las mayores protegidas por fosos de hasta 5 metros de profundidad y muros de palizadas 10, unidas entre ellas por una extensa red de "calzadas" de tierra batida.

Estas, verdaderas avenidas, eran extremadamente rectilíneas, lo que habla de los sofisticados conocimientos astronómicos de sus habitantes; de un ancho de 10 a 50 metros (algunas tienen hasta 50 metros de ancho) y de 3 a 5 kilómetros de largo en promedio. El conjunto abarca un área de 400 kilómetros cuadrados. Se han encontrado indicios de plazas, puentes, represas y canales, así como campos cultivados de yuca, árboles frutales y otras plantas alimenticias, en una estrategia de cultivo diferente al actual roce y quema. Los arqueólogos calculan que el conjunto pudo haber sustentado una población de hasta 10,000 individuos.

LAS REDES PREHISTÓRICAS DE INTERCAMBIO EN LA AMAZONÍA

La complejidad del mundo amazónico prehistórico no se detiene en las variadas formas en las que los humanos se adaptaron a su entorno a lo largo del tiempo. En la América prehistórica se mantuvieron, tanto entre regiones diversas de la misma Amazonía como entre la Amazonía y el resto del continente americano, relaciones de intercambio a larga distancia11. Este era un intercambio de un vasto catálogo de objetos, consecuencia de un proceso que implicaba un inventario general de los recursos del bosque y de los usos variados que podrían recibir cada uno de ellos, así como un aprendizaje del procesamiento necesario para adaptarlos a un uso determinado y una especialización en la producción.

Si bien la disponibilidad localizada de materia prima fue un factor a favor de la especialización en el intercambio, el número de estas industrias especializadas y la rigidez con que se mantuvieron presupone la entrada en juego de otros factores. La especialización, llevada a cabo por pequeños grupos familiares, no necesitaba de una centralización social o física de los productores, ya que la distribución de los recursos productivos era función, como hoy en día, del tipo de producto que cada grupo producía12. Así, los grupos eran a veces conocidos por su especialidad. Los Panare eran “los comerciantes”, los Yumagaris eran “los mineros”, los Aruwaks (Lokono) eran”los comercializadores de la harina de aru13”, los Warao los “constructores de canoas”, etc.

Se encuentra en la evidencia etno-histórica toda la gama de relaciones de intercambio, desde el simple trueque, hasta enclaves coloniales y centros de intercambio, en los casos de relaciones más elaboradas.

INTERCAMBIO ANTERIOR A LA APARICIÓN DE LA CERÁMICA

El gran caracol Strombus, el pututo; y el bivalvo Spondylus, el mullu, extraídos por buzos especializados, en Guayas, Ecuador, llegaban al Marañón. En Huayurco, cerca de la confluencia del Chinchipe con el Tabaconas, se han excavado pututos y collares de mullu muy anteriores a Chavín. Para esa época, MacNeish encontró en Ayacucho granos de achiote (Bixa orellana). En Caral se han encontrado productos del bosque tropical, y adornos de Spondylus. En Ancón muñecas articuladas de chonta (Bactris gasipaes).

En excavaciones que estudiaban la Cultura Mito, que floreció en lo que hoy es Huánuco hace 4,000 años, se ha encontrado una mandíbula de piraña. La mandíbula sirve en la selva como instrumento (cincel o buril) para realizar grabados finos en madera y hueso. Artesanos Kotosh practicaban una técnica de trabajo en madera típica del Bosque Tropical, e importaban sus instrumentos y la materia prima de la selva.

LOS INTERCAMBIOS A PARTIR DE LA APARICIÓN DE LA CERÁMICA

Con la aparición de la cerámica, se pueden seguir mejor las interacciones entre la costa, sierra y selva, su dinámica y los polos de influencia. Una primera constatación es que, ya desde los sitios cerámicos andinos más antiguos, como el pre-valdivia de San Pedro, Ecuador, 5,500 años atrás, la cerámica muestra una maestría que excluye la posibilidad de considerarla incipiente o rústica, lo que atestiguaría a favor de una interacción con los horticultores-alfareros de la civilización amazónica de los conchales.

LA YUCA AMARGA Y LA TRAZA DEL INTERCAMBIO EN EL CERÁMICO

La única justificación para la laboriosa preparación del pan y la harina de yuca amarga (Manihot utilissima) es la de proveer un producto comestible almacenable, no perecible, en excedente a lo que es consumido inmediatamente por la unidad familiar productora. Un producto intercambiable. Se pueden trazar, en tiempo y espacio, la dinámica de las redes de intercambio posteriores a la aparición de la cerámica en los Andes, siguiendo el rastro a los ralladores y a la sartén plana, esenciales en la producción de pan y harina de yuca.

Ciertas formas de recipientes de cerámica Tutishcainyo temprano (4,200-3,700 años atrás), en la laguna de Yarinacocha, Ucayali, con edades alrededor de 4,200 años, sugieren a Lathrap que fueron utilizadas para beber el masato, y que, por lo tanto, fueron fabricados por horticultores. Lumbreras constata por su lado que la cerámica y la yuca amarga aparecen al mismo tiempo en los Andes centrales.

El cerámico confirma la existencia de una red de relaciones transversales entre la costa, sierra y selva centrales: el Tutishcainyo temprano (Selva del Ucayali), la fase Waira-jirca de Kotosh (Sierra), y la fase Chira, al norte de la costa central, están íntimamente interrelacionados.

Más adelante, el Tutishcainyo tardío (3,300-3,000 años atrás) se muestra envuelto en intercambios a una distancia mucho mayor con la cultura Machalilla, en el Ecuador. Una parte de la cerámica encontrada en sitios Tutishcainyo tardíos es importada, según Lathrap, “desde una distancia considerable”. Es cerámica hecha con material de origen volcánico distinto a la de la zona.

Dentro del circuito de intercambio regional, Lathrap encontró que la fase Shakimu temprana de Yarinacocha (Ucayali central), es gente de la tradición cultural Tutishcainyo fuertemente influenciada por técnicas e iconografía Chavín. Los recipientes de piedra del sitio de Huayurco, en el Marañon, tienen decoración semejante a la de la cerámica Shakimu.

FERIAS PERIÓDICAS Y ETNIAS COMERCIANTES

Treguas periódicas se establecían en la Amazonía para llevar a cabo ferias comerciales. Los Piro subían una vez al año, a principios de julio, del Alto Ucayali hasta la Misión de Cocabambilla, en el valle de Occobamba, a un lugar llamado El Encuentro, en la boca del Yanatile, en el alto Urubamba. Allí intercambiaban —según refiere Valdés y Palacios, quien fue testigo de la feria en 1840— “cotorras, guacamayos, vestidos, canoas, esclavos, cacao, resinas … por cuchillos, machetes, trozos de espejo, tijeras, clavos, sal …” con grupos que descendían la cordillera y Antis. Los Piro descendían luego e intercambiaban con grupos de selva baja, penetrando hasta las posesiones brasileñas. En 1914 se celebró la última feria en El Encuentro.

Los shipibo del Ucayali rendian de muy antiguo visita a los Ticuna, productores del mejor curare, que vivían en el Amazonas, entre el río Atacuari y el Putumayo, y obtenían sus cerbatanas de los Yagua de Pevas.

Existieron además grupos étnicos que se dedicaron al comercio o al “viaje” como una especialización económica. Su mismo status les aseguraba recibir un trato amable, abrigo y provisiones para continuar el viaje de parte de los grupos con los que comerciaban. Estos comerciantes seguían circuitos fijos de miles de kilómetros, y expediciones especiales podían durar más de un año. Entre ellos estaban los curanderos Calahuayas

LOS CALAHUAYAS

Conocidos como Collahuayas, Chirihuanos, Yungeños o Charasanis, estos expertos en drogas selváticas “Atraviesan los bosques de Bolivia y Carabaya,” —explica Clement Markham luego de un encuentro con un grupo de ellos en el alto Tambopata— “coleccionando sus drogas, y salen como profesores en el arte de curar, para ejercer su profesión en todo América, ausentándose frecuentemente por dos o tres años de sus hogares durante estas excursiones. Con sus morrales de drogas en la espalda, y vestidos con pantalones negros, poncho rojo y sombrero de boca ancha, caminan de pueblo en pueblo ejerciendo su arte, y llegando tan lejos como a Quito y Bogotá en un sentido, y a las extremidades de la República Argentina del otro.14

Faucett, que los encontró también, cerca de Pelechuco, Bolivia, los llama “gitanos indios”, dice que su origen se ha perdido en las nieblas del tiempo. Afirma que son veterinarios, herbolarios y adivinos, y que se les reconocen poderes ocultos.

LISTADO DE ALGUNOS BIENES SELVÁTICOS INTERCAMBIADOS

Minerales: Sal, batanes, lascas de porfirina para ralladores de yuca, piedras de afilar, pigmentos minerales, oro y piedras semi-preciosas, cerámica.
Plantas y animales vivos: Hombres y mujeres (esclavos), anacondas, caimanes, aves, monos, felinos, perros de caza… Plantones de Yuca, algodón, palmeras y otras semillas y órganos de reproducción vegetativa…
Productos elaborados a partir de plantas y animales:
De plantas: Fibras, Abanicos y canastas de fibras u hojas de palmera, mobiliario, canoas, remos, y armas de maderas duras (puntas de flechas, macanas), bambú u tallos de otras gramíneas para flechas y lanzas, barbasco, curare, resinas, tabaco, coca, maní, castaña, maíz, camote, harina de yuca, ajíes, algodón, en rama o como tejido, o vestido, cortezas de diferentes árboles, semillas para ornamento o magia, tintes vegetales… de animales: plumas, pieles, garras, dientes, aceite de huevos de tortuga, veneno de rana, miel, pescado seco…

OTROS INTERCAMBIOS

El intercambio prehistórico amazónico no se limitaba a objetos. Se intercambiaban técnicas: agrícolas, de hechura y manejo de armas, de usos medicinales. Se han encontrado, por ejemplo, cráneos trepanados con técnicas operatorias similares en la selva, sierra y costa del Perú. Amistad y compañerismo: La amistad era cultivada individualmente, y altamente respetada. Tener un amigo en otro grupo era una seguridad en caso de conflicto con el otro grupo; Alianzas: con intercambio de “regalos” y servicios, como ayuda “militar”, en una batalla contra algún enemigo, o “civil”, ayudando como mano de obra en alguna labor importante realizada por el grupo amigo. Información sobre los desplazamientos de otros grupos étnicos, sobre creación o ruptura de alianzas.

CAMINOS INTEROCEÁNICOS PREHISPÁNICOS

Si bien el intercambio de muchos productos podía hacerse sin que sea necesario que el grupo productor se desplace de su lugar de residencia, y que la mayor parte del intercambio se hacia a lo largo de los ríos, se conoce de la existencia de caminos prehistóricos que atraviesan América.

 EL PEABIRU

Esta vía, que más tarde los Jesuitas del Brasil y del Paraguay llamarían Camino de Santo Tomás, partía de Cananea, puerto en el litoral brasileño, al sur de Sao Paulo, y seguía por más de 200 leguas hasta el Perú, “siempre con ocho palmos de ancho y cercada de ambos lados por una determinada hierba que crecía casi media vara de altura, e incluso si se quemasen aquellos campos, siempre nacía la hierba y del mismo modo”, según el relato del jesuita Ruiz de Montoya.

Alejo García lo recorrió desde Santa Catarina (costa del Brasil) hasta los contrafuertes de los Andes, estimulado por las noticias concordantes que daban los indios del sur del Brasil, del Uruguay, y del estuario del río de la Plata, sobre la “Sierra de Plata” y del misterioso “Rey Blanco” que allí mandaba. Fue muerto por indios en las márgenes del río Paraguay, en su viaje de vuelta, pero consiguió enviar a Santa Catarina muestras de oro y plata.

Después de él, otros lo recorrerían, como Pedro Lobo; Álvar Nuñez Cabeza de Vaca y Domingo de Irala. Este último llega en 1549 hasta el territorio de Charcas para comprender, con más de diez años de atraso, que la Sierra de Plata era Potosí, y el misterioso Rey Blanco que allí mandaba era el Inca, y que ya habían sido conquistados por Pizarro en 1531. El Peabiru fue luego largamente utilizado por los españoles del Paraguay, por los traficantes de esclavos indios, y por las bandeiras paulistas15.


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El nombre de “Camino de Santo Tomás” le viene de la sustitución de la identidad del importante personaje mítico andino Tauna Apac o Tonapa, “el que lleva el bastón (o cetro)”, a quien se le atribuyen hechos milagrosos a lo largo de dicho camino, por la del apóstol. El cronista Pachacuti afirma que cuando este personaje, predicando a lo largo del Perú, llega hasta los Andes de Carabaya, hizo una cruz muy grande, que cargo sobre sus hombros hasta ponerla en un cerro de Carapucu. La versión del Obispo La Peña Montenegro dice que Tauna Apac/Santo Tomás estuvo en el Brasil y entro predicando por el Perú, llego a Carabuco, cerca del Lago Titicaca, y allí levanto una cruz ”que enmudeció a los demonios.”

EL ÑAMINIWI

Este camino unía Quito con las regiones auríferas de la sierra del Pico de la Neblina, en el actual Roraima, estado brasileño que hace frontera con la Guyana francesa, en el Atlántico. Se dice que los Incas siguieron la ruta de los Chibchas, civilización que floreció en la actual Colombia, y conocida por su orfebrería en oro. Les tomaba a los Incas 70 días recorrer los 1400 kilómetros que éste tenia. Gonzalo Pizarro intento seguirlo en su expedición de 1541.

DEL AMAZONAS AL ORINOCO

En 1538, Diogo Núnes escribe que en cada poblado del medio río Amazonas había muchas casas llenas de pescado seco que iban a vender en las tierras altas, esto es, en el macizo cristalino de las Guyanas. Los senderos eran anchos y bien batidos, debido a la cantidad de gente que los usaba. Altamirano, en 1629, describe estos senderos con detalle, mencionando que tenían abrigos y lugares de intercambio cada tres leguas, en medio de jardines de yuca y maíz allí sembrados para el sustento de viajeros y mercaderes que iban de estas provincias hasta las tierras altas.

DIFUSIÓN DE SABER SHAMÁNICO SELVÁTICO

Queremos insistir, sin embargo, en el hecho de que de la selva no solo salían objetos, técnicas, alianzas. También se difundían desde ella Dioses, mitos, cosmología, saber curativo y mágico, acompañado de sus respectivos iconos y ritos. Y es en este campo en que la Selva se distingue, lo diría Julio C. Tello, como cuna de civilización, como origen de saber mágico-religioso y de sus iconos, que serán asimilados por los otros grupos humanos de la periferia de la Amazonía y aparecerán en sus cerámicas, tejidos y orfebrería.16

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Basta una visita a cualquiera de nuestros museos para constatar la presencia del caimán, el del felino manchado, el águila crestada, del amaru o anaconda, en la iconografía de todas las culturas prehispánicas peruanas, incluyendo la Inca, que llega a integrar en su panteón el culto a Chuquichinchay, el Apu de los Otorongos, traído por los Incas desde el Opatari, las selvas al pie del Cuzco, según versión del cronista Pachacuti.

La imagen del “Dios de los Báculos”, otro icono que encontramos a lo largo de la prehistoria andina, parece ser resultado de experiencias shamánicas selváticas. En Enero de 1988 Mark Plotkin recibió esta explicación sobre el uso de una Brunfelsia (Solanaceae) de parte de un shamán Yanomamo: “Deja la corteza y la raíz en remojo en agua fría. Al día siguiente, te lavas con una parte y bebes parte del resto. Vas a vomitar. Pronto veras al espíritu. Usa un taparrabo rojo. En una mano carga una macana, en la otra, plantas. Sigues tomando hasta que el espíritu empiece a hablar. El te enseñará como curar con cantos y usando plantas medicinales.”

ROL DE LA SELVA EN LA DOMESTICACIÓN Y DIFUSIÓN DE PLANTAS

Peter Kaulicke reconoce como un problema básico para entender la prehistoria peruana la definición del rol que desempeño la domesticación temprana de plantas. Pese a contar con unas 100 especies domésticas endémicas, nos dice, el Perú no está considerado como centro de domesticación, a diferencia de México. Le sorprende la gran cantidad de especies domésticas que no cuentan con antecesores silvestres definidos, y considera que eso se debe a que la mayoría de esas especies son endémicas de la sierra y del flanco oriental de los Andes, los que no han sido estudiados detenidamente ni del punto de vista arqueológico ni del botánico.

Investigaciones hechas sobre el origen de la yuca dulce (Manihot esculenta), sitúan su domesticación 8,000 años atrás17, época en la que aparecen en las excavaciones de Macneish en Ayacucho (fase Chihua) el camote, el ají, el achiote, el maní, la lúcuma y la coca, plantas originarias de la Amazonía, de donde habrían salido domesticadas por horticultores.

Más hacia el sur, en la misma época (9,500 – 8,200 años atrás), en Jujuy, Argentina, en un contexto de cazadores-recolectores de selva baja, se encuentra frijol, ají y maíz, este último diferente al mesoamericano, que aparecerá más tarde en los registros arqueológicos.

LOS OBSEQUIOS DEL GRAN CAIMÁN: DONALD LATHRAP Y EL OBELISCO TELLO

Donald Lathrap (1973) critica que se relacione el origen de la agricultura con la aparición de cultivos de cereales en regiones del mundo, si no áridas, por lo menos con una estación seca marcada, y adhiere a la hipótesis de Carl Sauer, quien argumenta que la adaptación a la zona ribereña de los bosques tropicales húmedos de Asia y América es muy antigua, y que en esta adaptación humana a los recursos de las llanuras inundables de los ríos se llevó a cabo considerable experimentación, la que resultó en el incremento de la disponibilidad de ciertas plantas importantes, la mayoría de las cuales se reproducían vegetativamente. Sauer considera que esta agricultura es anterior a la de cereales.

En lo que al Perú se refiere, Lathrap insiste en que cualquier intento para entender los efectos civilizadores de la agricultura en los Andes centrales debe enfrentarse al problema de las bases agrícolas de Chavín, ya que, si bien hay sitios anteriores, ninguno presenta un arte icnográfico tan complejo al servicio de un culto local, y en ninguno se pone en evidencia una influencia tal que se extienda sobre un tan amplio espacio de los Andes Centrales.

Lathrap nos señala que si bien Chavín de Huantar está a más de 3000 m.s.n.m., el río Marañón le ofrecía una amplia vía de comunicación con los bosques tropicales amazónicos; y que el Obelisco Tello, una de los estructuras centrales del Templo, perteneciente al fin del la fase C de la cronología de Rowe (entre 2,800 y 3,000 años antes del presente) sería un “mito fosilizado”, una explicación sobre el origen de las plantas que figuran en él.

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El Obelisco representa un reptil, que ha sido definido por Rowe como un caimán, cuya cola de pez lo definiría definitivamente como el “Señor de los peces” (Master of the fish). El caimán está doblemente representado, se trataría de dos caimanes mostrando diferentes atributos en cada aspecto copulando. Para Lathrap, se trataría más precisamente del caimán negro (Melanosuchus niger), y uno de los lados representa al caimán como divinidad del agua (mundo subacuático) y del mundo subterráneo, y el otro como la divinidad del mundo “sobre la superficie”, del cielo o del aire.

Ambos se presentan como portadores de plantas cultivadas, consideradas de la más gran importancia por los sacerdotes y artistas que diseñaron el Obelisco Tello. El Gran Caimán del Cielo lleva la calabaza-botella (bottle gourd, mate), Lagenaria sinceraria, representada madura y seca, las flores masculina y femenina, y la hoja de la planta. La otra planta, que aparece en la pata posterior del caimán celestial es el aji (Capiscum sp.), igualmente son mostradas la flor, la hoja y el fruto. No es casualidad, señala Lathrap, que las plantas asociadas al caimán celeste son plantas que se propagan por semilla y cuyas partes valiosas se producen por encima del suelo.

El Gran Caimán del agua y del mundo subterráneo lleva la achira (Canna edulis) y la yuca (Maníhot esculenta) representada en detalle. Julio C. Tello en su análisis del Obelisco, insiste vehementemente en que el tema del mismo es fecundidad y el proceso de propagación, y cree ver una ilustración del maní “en rayos equis”, lo que no provoca dificultades en Makowski (2000), aunque éste da opción a que se trate de una leguminosa, concibe a ambos caimanes copulando, y cree ver en el lagarto al cocodrilo de Tumbes (Crocodylus acutus). Rosa Fung (1983) llega a una interpretación semejante, describiendo al ser generador como el gran pez que vive en la gran cocha —que es el mar— y define éste como un mar ecuatorial, cálido, dada la presencia en el obelisco de los moluscos Strombus y Spondylus.18

La Divinidad Caimán seria el monumento elevado en Chavín de Huantar a un sistema agrícola anterior, que permitió a la elite Chavín completar su dominancia. Al unísono con las especies animales representadas en el arte Chavín, concluye Lathrap, los cultígenos representados en el Obelisco Tello apuntan a un origen civilizador situado en las planicies inundables del bosque tropical.

PERSISTENCIA DE LA INFLUENCIA CHAVÍN

El prestigio de Chavín de Huantar se prolongó más allá del ámbito regional y temporal de su apogeo, recibiendo las ofrendas traídas desde el Cuzco de los Incas. Los Cronistas primero, e incluso 100 años después de la invasión española, los “extirpadores de idolatrías”, lo mencionan como una muy poderosa “Guaca”.

“…esta casa es muy temida y tenida en gran veneración y llámanla casa de las huacas, y esta en Conchucos…Santuario de los mas famosos de los gentiles, como entre nosotros Roma o Jerusalén” escribe el Cronista Antonio Vásquez de Espinosa en 1622.

En lo que al valor mágico-religioso que se le confiere aún hoy a los animales sagrados del panteón Chavín, sería ocioso referirnos a los conocidos casos de la anaconda, caimán o jaguar. Mencionemos, sin embargo, el actual respeto y veneración por el águila arpía, cuyo excremento tiene un especial valor medicinal o terapéutico en partes de la Amazonía. Los Surara y Paquidae de la selva brasilera tragan las plumas y cenizas de las garras de la arpía para inmunizarse contra las enfermedades. Se les captura vivas y se las tiene cautivas para poder arrancar “dos veces por año” sus plumas caudales con las que construyen sus flechas y aseguran una caza exitosa. Los Sironó bolivianos se frotan el cuerpo con las plumas de la arpía para asimilar su fuerza y la ferocidad

LO QUE DICEN LOS MITOS Y LAS CRÓNICAS SOBRE LA CONTRIBUCIÓN SELVÁTICA A LA DOMESTICACIÓN DE PLANTAS

Una leyenda de la sierra central, relativa a unas formaciones de piedra que se encuentran en el sitio Antiyoc, nombre ya de por sÍ interesante, en el camino entre Jauja y Monobamba, nos cuenta de una pareja de chunchos que se encontró en un desierto, e ideÓ cultivar la tierra, y sembró muchos árboles que pronto fructificaron. No contento con esto, el agricultor chuncho colectó una gran cantidad de semillas de variadas especies, con la intención de sembrar toda la Sierra. Comenzó temprano un día de primavera, sin mencionárselo a su esposa. Como no volvía después de varios días, la chuncha tomó a su hijo y salió a buscar a su esposo siguiendo el rastro de las semillas, derramadas por el chuncho al vuelo, en dirección del Oeste.

Escaló la mujer la “ceja de montaña” y escogió un altísimo cerro para dominar el horizonte, y de allí vio a su esposo escalando otro cerro, aún más alto. Le lanzó un fuerte grito, y, al voltear, el chuncho quedó convertido en piedra. Lo mismo le sucedió a la chuncha, que quedó petrificada con su hijo en brazos. Si el chuncho no hubiese resultado petrificado, se dice, hubiese esparcido semillas por toda la Sierra. Dicen también los ancianos que el chuncho convertido en piedra está creciendo desde que tienen memoria, y que el día en que se eleve al cielo será el día de la consumación de los siglos (Álvarez 1984).

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Al ocuparse del “Sesto Capitan”, Otorongo Achachi, Guaman Poma de Ayala da de él una rápida biografía: que es hijo de Ynga Roca, que “conquisto el Ande Suyo, Chuncho, toda la montaña” y que, para lograrlo, “se tornó otorongo, tigre; se tornaron el dicho su padre y su hijo”; “Tiene hijo” con una “India chuncho” y ambos, Inka Roca y Otorongo achachi: “trajeron coca y lo comieron y ací se enseñaron los demás indios de este rreyno. Porque en la cierra no se planta coca ni lo ay, cino que se tray de la montaña”(Murra 1980).

En un mito amuesha complementario, la bella y alegre Pala, hija del cacique Mopool, desposa al Inca, quien, de carácter colérico y muy celoso, no soporta su libertad y jovialidad y la golpea repetidamente durante las fiestas nupciales. Pala regresa a casa de su padre, llevando consigo su bolsita de coca. (Renard-Casevitz 1988)

RELACIONES DE LOS AMAZÓNICOS CON OTROS ANDINOS

LA CULTURA TIAHUANACO Y LA SELVA

Los motivos zoomorfos de la decoración de Tiahuanaco, así como los huesos de animales y restos de plantas encontrados en las tumbas: jaguares, serpientes, monos, loros, achiote, chonta, etc., nos hablan del vigor de sus relaciones con el mundo amazónico, aunque no nos permiten precisar el marco político ¿Fueron intercambios, se debieron a migraciones, o a colonias? Torero sostiene que los Tiahuanaco habrían hablado el pukina, lo que favorecería, por su parentesco con el arawak, la hipótesis de oleadas de pobladores amazónicos llegados en esa época al altiplano. Los pukina tenían conocimiento de la botánica tropical y reputación de shamanes.

EL IMPERIO WARI Y LA AMAZONÍA

La iconografía Wari habla de un intenso intercambio con la selva. Los Wari toman también prestadas sus figuras simbólicas al bestiario selvático, como lo hizo Tiahuanaco: el jaguar es omnipresente, el mono aparece regularmente. También nos habla de intercambio la abundancia de tejidos mixtos, la lana altiplánica con el algodón selvático, o los bonetes Wari, con plumas de aves de la selva.

Pieles, plumas, algodón, madera, granos, cascabeles suben a la sierra, y de ella baja, sobre todo, el metal. Son numerosas las hachas de bronce excavadas en la región de Chanchamayo, del bajo Pachitea, del Pichis. Al comparar lo que ha sido la introducción del hierro en la Amazonía desde la llegada de los europeos, podemos imaginar las transformaciones que resultaron en el interior del bosque con la entrada del bronce serrano.

También podemos deducir que, al aparecer un “imperio”, con centros urbanos, las relaciones entre la sierra y el bosque se modificaron. Este nuevo tipo de organización de la sociedad andina replanteó las formas de intercambio y alianza con los vecinos de las tierras bajas. Wari, una vez consolidado, inició una fase de expansión militar, en la que quizás trataron de avasallar a los selváticos, obligarlos a un tributo. Las sociedades de piedemonte tuvieron que contemplar varias respuestas, inclusas en su idiosincrasia desde la prehistoria: alianza, sumisión, rapiña, guerra. Tuvieron también que replantear su modo de residencia: aldeas importantes, codiciables, o pequeñas aldeas. En suma, tuvieron que reorganizarse política y socialmente. Cuando los Incas sucedan a los Wari, luego de un período de Señoríos Regionales, encontrarán al oriente un frente de sociedades emparentadas y semejantes, sociedades constituidas por pequeñas comunidades diseminadas en el bosque.

En la montaña central, los ancestros de los Pano actuales, al instalarse en el Ucayali al fin de sus migraciones, empujan hacia la ceja de selva a los antiguos ocupantes arawak. Estos o se unen a otros grupos arawak más hacia occidente, o rechazaban a su vez más arriba a grupos que tuvieron que instalarse finalmente en el piso quechua. Para esto atacan puestos coloniales Wari. El repliegue, la destrucción, o la rebelión de los establecimientos periféricos atacados hacen que el Imperio, ya minado del interior, acabe desquiciado del exterior.

LOS SEÑORÍOS REGIONALES ANDINOS POSTERIORES A WARI Y LA AMAZONÍA

En una época de violencia y de incesantes hostilidades entre señoríos locales, en los que aldeas fortificadas sucedían a las ciudades Wari abandonadas, sólo algunos grupos selváticos intercambiaban con la sierra, y en pequeña escala. Así los Chupacho de Huánuco y las gentes del Huallaga medio; los Huanca y los “Campa”, vecinos desde Chanchamayo hasta el Mantaro. Pero en otros casos, la interrelación parece haberse interrumpido, como entre los Chanca y sus vecinos del Apurímac o entre al alto Paucartambo y los Chuncho.

Los arawak que subieron a la ceja de selva, en lo sucesivo no podrán instalar comunidades importantes. Los Pano, en el Ucayali, necesitarán algunos siglos para construir aldeas de miles de habitantes, como las que recorrerá Salinas Loyola en la época de la conquista española. Ellos restablecen por su cuenta antiguas redes que siguen el curso de los ríos. Serán finalmente desalojados del bajo Ucayali por una migración Tupí.

Entre el Cuzco y el Chaco también se combatía, piedemonte contra tierras altas. Aquí también llegan nuevos migrantes: pastores de lengua aymara, que empujan a los Uros hacia el Lago, y a los de lengua pukina hacia los valles orientales de los Andes. Coexisten en los valles orientales y occidentales andinos “colonias” dependientes de centros de altura, con grupos autóctonos.

LA CULTURA MOXO

En el milenio que precede la llegada de los Incas, la zona sur y este del Lago Titicaca estuvo marcada por un doble foco cultural. Por un lado el Collao, altiplano andino, y por otro la Cultura Moxo, en la Sabana de Moxos, en la Amazonía boliviana.

Lumbreras, al hablar de la región circumlacustre del Titicaca, dice que uno de los aspectos poco explorados de su desarrollo es el de su íntima relación con la selva. Las excavaciones cuzqueñas, para fases cerámicas tempranas, han mostrado productos costeños y selváticos.

Al este, desde Carabaya hasta el Guapay aparece una “cultura regional” bautizada Moxo, que por su situación mediana organiza las relaciones entre los Señoríos de altura y las sociedades de piedemonte. Se especula que el curacazgo de los Callahuayas, al norte, controlando las alturas de las cordilleras de Carabaya y Apolobamba, fue la expresión política de la cultura Moxo. Las sabanas inundables del Mamoré fueron drenadas, y se cultivó la yuca y el maíz: importantes obras hidráulicas, camellones artificiales, caminos, y terraplenes de varios kilómetros de largo, que hablan de una organización centralizada y estratificada. Esta enorme empresa declinó y fue finalmente abandonada, quizás por cambios climáticos o ecológicos, quizás por haber finalizado las migraciones Pano, o por haber sido los Moxo desplazados por migrantes más orientales, sean tupi-guarani, u otros.

Más al sur de la línea actual Cochabamba-Oruro, las etnias orientales estaban sometidas a la presión de pueblos más orientales que multiplicaban sus incursiones de pillaje en las fronteras andinas, y los Señores debieron fortificar las partes altas entre los ríos Guapay y Pilcomayo. Se puede pensar en una presión proveniente de las migraciones tupi-guarani.

RELACIONES DE LOS AMAZÓNICOS ENTRE ELLOS

INTERCAMBIO Y PODER: LAS FORMAS DEL LIDERAZGO SELVÁTICO

La Amazonía es conocida por sus intensas y continuas rivalidades intergrupales. Esta hostilidad intergrupal no eliminó, ni siquiera disminuyó, el intercambio a larga distancia. Más aún, hay autores que hacen notar que esta hostilidad pudo darse justamente para mantener y confirmar los patrones de intercambio, al resguardar de esta manera cada grupo su “especialidad”. Por otro lado, la guerra y captura de miembros de otras etnias, es decir, el control de mano de obra o de los productos de ésta, definía el poder político de un líder amazónico. Las rutas de intercambio eran “arterias de poder” como diría Whitehead (Roosevelt 1994).

El análisis de las fuentes etno-históricas nos muestra en algunas partes, y en la última fase de desarrollo humano en la selva previa a la llegada de los europeos, un liderazgo hereditario muy semejante al Inca, llevando a cabo un control “feudal” de personas, manteniendo y ampliando lazos con otras etnias a través de una política de poligamia endogámica y en un marco teocrático en el que se diviniza a los ancestros. La autoridad política era la de la familia inmediata del líder, y trasmitida de generación en generación. El intercambio de obsequios y formalidades en las alianzas entre grupos con este tipo de liderazgo era consolidado por el matrimonio, o por la presencia de uno o más individuos de cada grupo en el territorio del otro como garante. Cuando el asociado era importante, los socios menos importantes organizaban un sistema de delegaciones que se reemplazaban unas a otras; o establecían colonos: varias familias completas se instalaban en tierras del grupo asociado.

El español de Heriarte escribe sobre acontecimientos de los que fue testigo en 1637 “La Gran Provincia de los Omagua era gobernada por principales en los poblados, y en el medio de ella hay un Principal, o su Rey, al que obedecen con mucho respeto y al que llaman Tururucari, que significa “nuestro dios”, y el se considera a sí mismo como tal”.

El mismo de Heriarte afirma que en el bajo río Negro los Aruak tienen un Principal, al que llaman Tabapari. Este mantiene bajo sus órdenes muchos poblados de diferentes naciones, y es obedecido por ellos con mucho respeto. “Los Tupinambara del medio Amazonas son predominantes y subyugan a otras naciones…los usan como vasallos y reciben tributo de ellos... con el tiempo se casan (con sus vasallos)… pero estos nunca dejan de reconocerlos como superiores… tienen siete u ocho mujeres. Dan sus hijas en matrimonio a aquellos que están bajo su dominación”.

El cacicazgo, por el contrario, favorecía la poligamia exogámica, cada unidad doméstica era capaz de subsistir independientemente, y su integración dentro del grupo étnico se llevaba a cabo al margen de todo mecanismo de sometimiento o dominación, todo intercambio haciéndose horizontalmente. Las relaciones económicas al interior de estos grupos estaban basadas en los principios de reciprocidad y participación, y la acumulación de bienes era condenada culturalmente.

La autoridad en este tipo de sociedad era más el resultado del prestigio del individuo y de la oportunidad. Un individuo, renombrado por su retórica persuasiva, su generosidad, la fortaleza de sus vínculos de parentesco, sus habilidades diplomáticas y aptitudes guerreras, toma el mando por consenso, y sólo para algún propósito específico: guerra, desplazamientos para caza y pesca, etc. El jefe así escogido, puede aún ver sus decisiones rechazadas por otros jefes o individuos del grupo. Nadie está obligado a seguir sus recomendaciones.

Los grupos que estaban en los límites de un territorio étnico de este tipo eran responsables de la integridad del territorio y de los actos de aquellos que dejasen entrar. En caso de conflicto, estos grupos fronterizos actuaban con flexibilidad, según la intensidad del conflicto y la fuerza del agresor. Sus alternativas eran, o someterse, y convertirse en vasallos de los invasores, o retirarse con sus familias al bosque, luego de haber destruido sus huertos, casas y depósitos de comida, e iniciar una resistencia. Esta podía ser una guerrilla llevada adelante por el grupo aisladamente, o haciendo usos de las alianzas, convocando guerreros de la misma u otras etnias. En caso de facilitar reiteradamente la entrada y, peor aún, la instalación de extranjeros al interior del territorio de la etnia, los grupos nativos responsables de la frontera étnica eran también hostilizados.

Tenemos una ilustración de este comportamiento en el caso del “jefe” Harakmbut Chieuit, quien, a principio del siglo XX, no solamente amenazaba constantemente las instalaciones colonas, a los zapadores que abrían o reparaban caminos, y a toda expedición que pretendiese penetrar en el Alto Madre de Dios, como que dio muerte al Coronel La Torre, sino que, además, ejecutó también a los “jefes” Harakmbut Sarone y Huarasahuane, que protegían y colaboraban con cuanta expedición entraba en la zona.

En la medida c en que estas agrupaciones étnicas desafiaban el poder de las elites hereditarias reinantes y aquel de los españoles recién llegados, fueron consideradas caribes, es decir, salvajes, fieros, rebeldes. Los franceses, holandeses e ingleses competidores de los españoles no tuvieron ningún reparo en concertar alianzas con jefes caribes, alianzas en las que se intercambiaban “huéspedes”, y se reciben mujeres indígenas como “esposas”.

Este tipo de cultura amazónica, con su gran flexibilidad de adaptación, ha permitido a sus practicantes mantener una forma de vida original y propia hasta hoy, luego de cuatro siglos de contacto con occidente.

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NOTAS

1.
La comparación de las características osteológicas de los Amazónicos vivos con la de los prehistóricos sugiere una continuidad genética, y, por lo tanto, la ausencia de alguna intrusión prehistórica substancial, proveniente de los Andes, en el paquete genético amazónico.
2.
El arqueólogo Macneish y su equipo estudiaron un sitio en Ayacucho que ofrece restos en una larga secuencia. Desde la segunda fase, que llama Ayacucho, y que corresponde al periodo que nos ocupa, Macneish afirma que existe suficiente movilidad de material entre ecosistemas diferentes y contiguos como para hablar de desplazamientos verticales de gentes que explotan pisos ecológicos vecinos. Sin embargo, la obsidiana parece haber sido ya objeto de un “comercio” a larga distancia.
3.
Estos sistemas de cultivo, que llegaron a ocupar cientos de miles de hectáreas, llamados waru-waru (ridged o drained fields en ingles), podían aprovechar suelos inundados periódica o permanentemente debido a la lluvia, el desborde de algún río o lago, por el nivel del agua subterránea, o por mal drenaje.
4.
Según Clark Ericsson, arqueólogo que estudio los camellones de Puno, hubieron dos momentos en que se cultivo intensamente en camellones en el altiplano. Una entre 3,000 y 1,700 años atrás, y otro desde el año 1,000 hasta la conquista española.
5.
Varzeas: áreas de inundación periódica a lo largo del río Amazonas y sus principales tributarios son consideradas como las zonas de mayor concentración poblacional en la Amazonía. Estas várzeas con su conglomerado de islas altas circundadas por terrenos bajos, expuestos a la inundación temporal de las crecidas, y de cochas o lagunas de agua estancada, forman un ecosistema importante y son usadas para la agricultura temporal y sistemas agroforestales. En: http://www.siamazonia.org.pe/Archivos/Publicaciones/Amazonia/libros/23/23000033.htm
6.
Isla situada en la desembocadura del Amazonas, en la zona septentrional de la costa atlántica de Brasil.
7.
La fase Guarita de la Tradicion Policrómica de la Amazonía se fecha entre los siglos IX y XVI D.C. Pinto, Goes & Petersen Arqueología Sudamericana 2(1): 26-52, 2006
8.
Ciudad de enlace, poco conocida y poco frecuentada, entre las dos principales ciudades del Norte del Brasil, Manaus y Belém.
9.
Lo curioso de esta “terra preta” sigue en su dinámica incluso después de abandonado el sitio. Un investigador a sugerido que “se comporta más como un organismo vivo que un fósil inerte” Es antropogénica en su origen, pero no en su desarrollo.
10.
Es razonable deducir”, dice Cleary “que esos trabajos de defensa son evidencia de conflictos a gran escala con adversarios geográficamente distantes, y, también, regulares o al menos ocasionales lazos de comercio con pueblos distantes.”
11.
“…hemos descartado la mayor parte de las referencias arqueológicas andinas o costeñas en que se informa de la presencia de restos y de objetos de procedencia amazónica. Son numerosísimos los informes arqueológicos para la costa peruana y el norte de Chile que reportan hallazgos de restos vegetales o culturales de muy posible procedencia amazónica. Esta catalogación podría muy bien ser motivo de una bibliografía aparte…” confiesan Alejandro Camino y Carlos Dávila en su “Bibliografía de la Arqueología de la Amazonía Peruana”.
12.
Para ser elaborados, algunos bienes seguían itinerarios complejos. La materia prima podía encontrase a distancia del lugar donde estaban los especialistas en su transformación. El mate pirograbado, por ejemplo, es en nuestros días sembrado en la costa norte del Perú y llevado a Huancayo para ser trabajado. De allí se distribuye comercialmente.
13.
Estudios arqueológicos evidencian el cultivo de Maranta arundinacea (Arrurruz, maranta, sagú, guapo o planta obediente) hace 7 milenios atrás. “Su nombre proviene de los nativos caribeños Arawak, quienes la denominaban aru-aru (comida de comidas)” http://es.wikipedia.org/wiki/Maranta_arundinacea
14.
Entre los vocablos de origen quechua hablados en Honduras en el siglo XVIII está calahuala. Dice Nieto (1995) que se refiere a un helecho de raíz medicinal. El término se aplicaría a varias especies de los géneros Polypodium y Aspidrum.
15.
Fueron llamadas "bandeiras" las bandas armadas y también se llamaron "bandeiras" las incursiones portuguesas en territorios reclamados por España
16.
El mito matsiguenga del héroe Pachakamuni, y la “doctrina” de Cochangara “donde adoraban a un pájaro que dixeron auerle embiado para el dicho efecto el dios Pachacamac que es a quien adoran los yndios Andes” nos hablan de un vínculo espiritual Pachacamac (Costa)- Wari (Sierra) - Selva central.
17.
La yuca amarga o mandioca (Manihot utilissima) de reproducción puramente vegetativa, derivaría de la dulce en un proceso posterior.
18.
Daniel Morales (2001) nos invita a mirar hacia el nor-oriente peruano, donde la cordillera de los Andes disminuye considerablemente de altura, (el Paso de Porculla está a solo 2138 msnm) lo que permite al bosque amazónico avanzar hacia la costa. Esta conexión Amazonía-costa sería fundamental, según él, para explicar las referencias iconográficas amazónicas en las culturas del formativo. Mónica Panaifo (1994) afirma que “el formativo selvático estaría muy relacionado al formativo de la costa ecuatoriana, y que aparentemente compartirían la misma interacción”